Al margen de que su rendimiento deportivo fue pobre, con apenas un triunfo en seis presentaciones y una derrota amplia ante la poderosa Holanda, la Selección Argentina produjo en el Mundial de Alemania Federal 1974 una de las historias más llamativas: la delegación no quiso jugar un partido para respetar el luto por la muerte de Juan Domingo Perón.
Nuestra Selección cerraba su intervención en el torneo ante la República Democrática de Alemania. El partido estaba programado para el 3 de julio en Gelsenkirchen, pero los integrantes del plantel nacional enviaron un comunicado a la FIFA para pedir que se los excusara de disputarlo por el fallecimiento del tres veces presidente argentino.
Las autoridades de la Federación Internacional, en plena transición de Stanley Rous a Joao Havelange, no solo rechazaron esa solicitud sino que amenazaron con graves sanciones al país (entre otras, el no otorgamiento de la sede de 1978). Los futbolistas aceptaron jugar y lo hicieron con brazaletes negros en sus camisetas azules.
La Selección del 74: individualidades sin respaldo
Argentina, tras la dolorosa caída en las Eliminatorias para México 70, volvió a la Copa del Mundo al adjudicarse la zona compartida con Bolivia y Paraguay. La Selección había logrado el boleto en 1973 bajo la conducción de Enrique Omar Sívori, pero las disidencias entre el director técnico -de fuerte carácter- y la AFA interrumpieron un proceso que había logrado el objetivo prioritario, además de algunos resultados valiosos como un 3-2 de visitante sobre la entonces temible Alemania Federal.

El grupo quedó en manos del trío integrado por Vladislao Cap, Víctor Rodríguez y José Varacka. La convocatoria del triunvirato respetó a la mayoría de los nombres del proceso anterior, con el refuerzo de algunos consagrados que estaban en el exterior como el goleador Héctor Casimiro Yazalde (Botín de Oro en Europa) y el defensor Roberto Alfredo Perfumo.
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La Selección perdió 3-2 frente a Polonia en el debut. Se recuperó anímicamente con un meritorio 1-1 ante Italia y se instaló en la segunda fase del certamen gracias a un categórico 4-1 sobre Haití. En la etapa siguiente, luego del 0-4 inicial contra la imparable Naranja Mecánica de Johan Cruyff, hubo derrota por 2-1 con Brasil, que no tenía el brillo de 1970 pero conservaba a estrellas como Jairzinho y Rivelino.
La muerte de Juan Domingo Perón y una llamada que golpeó
Ya sin chances de meterse en las semifinales del Mundial, a Argentina le quedaba el compromiso con Alemania Oriental, la del otro lado del muro, para cumplir con el fixture. Veinticuatro horas después de la caída con los brasileños y a dos días del último encuentro, el grupo recibió vía telefónica la noticia del deceso de Perón, que no por previsible, dada la frágil salud del jefe de Estado, dejaba de impactar.

Entre los miembros del plantel, casi todos nacidos durante el primer gobierno justicialista, había una mayoría de adherentes al peronismo. Miguel Ángel Brindisi había recibido una medalla de manos del propio General. Rubén Oscar Glaría era un reconocido militante, que luego llegó a ser intendente de José C. Paz en representación del PJ.
René Orlando Houseman simpatizaba con la doctrina como la mayoría de sus vecinos de infancia, en la villa del Bajo Belgrano. El capitán Roberto Perfumo también llegó a funcionario nacional, ya en tiempos del kirchnerismo.

Golpeados por la situación y seguramente por la eliminación temprana, los jugadores se juntaron y decidieron pedir la cancelación del encuentro con los alemanes del otro lado de la cortina. La FIFA se solidarizó con Argentina, envió sus condolencias y autorizó la realización de un minuto de silencio en homenaje al mandatario, pero no aceptó alterar el fixture de la competición.
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El miércoles 3 de julio, en un estadio poco poblado, la Selección empató 1-1 ante la RDA. Fue el estreno mundialista de Ubaldo Matildo Fillol. Cuenta la leyenda que el Loco Houseman, autor del gol con un violento zurdazo, lo celebró a viva voz, gritando “¡Viva Perón!”.

