Ramón Díaz es sinónimo de River. Pero una noche se transformó. “Entró al vestuario muy tranquilo, como si no le importaran el uno a cero en contra ni la expulsión. Y nos dijo: ‘Muchachos, hacemos uno y pasamos’. A mí eso me dio confianza. Salí convencido de que lo podíamos dar vuelta, aunque la lógica, sobre todo después de que nos metieron el segundo y nos quedamos con dos menos, indicaba que River estaba para ganarnos por cuatro o cinco a cero”.
El testimonio del párrafo anterior le pertenece a Gonzalo Rubén Bergessio, héroe de una de las mayores hazañas coperas de San Lorenzo de Almagro. Su equipo estaba 0-2 en el Monumental, 9 contra 11, a mitad del segundo tiempo. Dos apariciones del delantero cordobés nivelaron el resultado y le dieron al Ciclón una épica clasificación a cuartos de la Libertadores.
Mientras Bergessio, sus compañeros y miles de hinchas apretados en la cabecera alta de la Centenario deliraban con ese milagroso 2-2, el personaje del comienzo mantuvo la calma y dejó escapar una sonrisa por el increíble vuelco. Tampoco podía permitirse demasiada euforia un símbolo de la historia riverplatense como Ramón Ángel Díaz.

El recuerdo cobra vigencia en vísperas del cruce que Millonarios y Cuervos protagonizarán este domingo, para definir un boleto a los cuartos de final del Torneo Apertura.
Una inolvidable serie San Lorenzo-River
San Lorenzo, segundo de Cruzeiro en el grupo que también integraron Caracas (Venezuela) y Real Potosí de Bolivia, se enfrentó en octavos de la Libertadores 2008 con River, que relegó en su zona a América de México, Universidad Católica (Chile) y Universidad San Martín de Porres (Perú).
El primer cruce fue la noche del miércoles 30 de abril, en el Bajo Flores. Néstor Silvera adelantó a San Lorenzo a los 27 minutos del primer tiempo y Radamel Falcao igualó de inmediato. La ida parecía encaminarse a un empate, que le sentaba mejor a River pues por esa época en caso de paridad se computaban dobles los goles de visitante.
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Sin embargo, cuando se acercaban los 90, una mano del defensor Nicolás Sánchez dentro del área fue sancionada por el árbitro Héctor Baldassi. Adrián González -un certero ejecutor- se hizo cargo del penal y batió a Juan Pablo Carrizo con un derechazo bajo y cruzado: 2-1 y a aguantar de visitante.
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La vuelta se disputó el jueves 8 de mayo. River, que venía de sufrir un 0-1 en el superclásico, tomó rápida ventaja a través de Matías Abelairas. El 1-0, debido a la reglamentación vigente, le alcanzaba para avanzar de ronda. Sobre el cierre de la etapa inicial, el árbitro Sergio Pezzotta expulsó a Diego Rivero.
Se puso mucho más complicada la situación para San Lorenzo cuando quedó 0-2 (penal de Sebastián Abreu) y con solo nueve futbolistas como consecuencia de la expulsión de Jonathan Bottinelli. De golpe, cuando nada lo hacía prever, descontó el visitante a los 24 minutos mediante Bergessio, bien asistido por Diego Placente. Y el mismo Lavandina, como se lo apodaba desde sus comienzos profesionales en Platense, clavó el 2-2 a los 27.

Alguien habló de un silencio atroz de las tribunas y plateas locales después de ese gol. Fue Oscar Ahumada, uno de los referentes de aquel River dirigido por Diego Simeone, que pagó con el destierro la osadía de esas palabras tan ofensivas para el sentimiento del simpatizante.
San Lorenzo resistió y el 2-2 los llevó hasta la siguiente instancia. Ramón se fue con la misma calma del entretiempo, como si no lo afectara el dolor de la multitud riverplatense. Tiempo después su hijo Emiliano reveló que nada de lo que pasó aquella noche le fue indiferente.
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“Nunca lo conté, pero Ramón se puso a llorar en el vestuario después de eliminar a River. Esas cosas no las contamos porque no nos gusta vender. Ese vestuario se caía, era algo histórico, y él lloraba”, sostuvo Emiliano Díaz. Ya le llegaría la oportunidad de volver en 2013 y reconquistar el afecto dañado en aquella jornada otoñal de 2008.

