Una perra atada a la tranquera, una bolsa de alimento y una carta escrita a mano. Esa fue la escena que encontraron los voluntarios de El Campito, el refugio de animales ubicado en Monte Grande, cuando descubrieron a Zoe, una perra de 11 años y nueve meses que había sido dejada allí durante la noche por su dueño. Detrás de la decisión apareció una historia de necesidad económica y una despedida que ahora el propio refugio intenta revertir.
El hombre explicó en el mensaje que es jubilado y cobra la mínima, que acababa de mudarse a un monoambiente cuyo propietario no permite animales y que, además, ya no podía afrontar los gastos necesarios para mantenerla. Zoe había estado con él desde que tenía apenas 45 días de vida.
“La amo muchísimo, pero no puedo tenerla más”, escribió en uno de los pasajes de la carta. También reconoció la incertidumbre que atravesaba al tomar aquella decisión y pidió especialmente que cuidaran a la perra. El hombre no dejó nombre, teléfono ni otro dato que permitiera identificarlo.
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La historia comenzó rápidamente a circular en redes sociales y generó una ola de mensajes. Hubo personas que se ofrecieron a adoptar a Zoe, otras propusieron hacerse cargo de sus gastos veterinarios y también aparecieron interesados en colaborar económicamente. Sin embargo, desde El Campito aclararon que, al menos por ahora, tienen otro objetivo.
El refugio quiere encontrar al jubilado antes de buscarle otra familia
Sergio Moragues, director de El Campito, explicó que Zoe se encuentra bien, recibe contención y mantiene un comportamiento muy activo pese a su edad. Incluso destacó que es juguetona y que no aparenta tener casi 12 años.
Pero frente a la enorme cantidad de ofrecimientos para adoptarla, el refugio tomó una decisión: primero quieren encontrar al dueño. La intención es conocer en profundidad su situación y analizar si existe alguna alternativa que permita preservar el vínculo que mantuvieron durante más de una década.

Una posibilidad sería conseguir un lugar donde el jubilado pueda vivir junto a Zoe. Otra alternativa planteada es encontrarle a la perra un hogar cerca de su nuevo domicilio, de manera que pueda seguir viéndola y la separación no sea definitiva. “Primero, la intención es encontrarlo a él”, resumió Moragues.
El principal problema es que hasta ahora nadie sabe quién es el hombre. La única información disponible surge de la carta que dejó junto a la perra. No hay un nombre ni una dirección que permita iniciar una búsqueda directa, por lo que desde el refugio apelaron a la difusión del caso para intentar que él mismo se comunique o que alguien pueda reconocer su historia.
Zoe vivió con él desde los 45 días y ahora esperan poder reunirlos
Según relató el propio jubilado, Zoe llegó a su vida cuando tenía 45 días. Desde entonces permanecieron juntos durante 11 años y nueve meses, prácticamente toda la vida de la perra. Ese dato fue uno de los que más movilizó a quienes conocieron la historia y llevó al refugio a priorizar la posibilidad de un reencuentro antes que una nueva adopción.
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El hombre aseguró que no tomó la decisión por falta de afecto. Por el contrario, en la carta dejó expresada varias veces su preocupación por el futuro de Zoe y su deseo de que estuviera bien cuidada. “No sé si hago lo mejor, pero es lo único que se me ocurrió”, escribió antes de despedirse.
Desde El Campito remarcaron que la perra permanecerá contenida mientras continúe la búsqueda. Paralelamente, los voluntarios evalúan los ofrecimientos recibidos y agradecieron la reacción solidaria que despertó el caso.
Por ahora, sin embargo, Zoe no está en adopción como primera opción. El objetivo es localizar al jubilado, entender si existe una manera de ayudarlo y encontrar una solución que permita que ambos puedan seguir en contacto.

