La crisis de Flybondi sumó un nuevo capítulo y alcanzó directamente a sus canales de venta. Agencias de viajes y grandes plataformas como Despegar y Almundo comenzaron a retirar o restringir la comercialización de sus vuelos ante el deterioro de la regularidad del servicio, las cancelaciones y los costos que generan los reclamos y las reprogramaciones. La decisión profundiza el aislamiento comercial de una aerolínea que atraviesa, además, una delicada situación financiera y laboral.
La falta de previsibilidad se convirtió en uno de los principales problemas para Flybondi. Las reiteradas cancelaciones y modificaciones de vuelos provocaron un aumento de los reclamos de pasajeros y trasladaron parte de los costos de atención y reubicación a las agencias que comercializaban los tickets.
En ese contexto, las agencias y plataformas de venta optaron por retirar los vuelos de Flybondi de sus inventarios o limitar su disponibilidad. La medida alcanza tanto a firmas pequeñas como a grandes operadores del mercado turístico.
El problema no es solamente comercial. La decisión de los intermediarios refleja el deterioro de la confianza en la capacidad de la compañía para cumplir con los vuelos que ofrece y evitar nuevas contingencias para sus clientes.
Las dificultades operativas de Flybondi también provocaron la intervención de las autoridades brasileñas. La Agencia Nacional de Aviación Civil de Brasil restringió la comercialización de pasajes de la compañía luego de detectar un fuerte deterioro de su capacidad operativa.
Entre el 1° y el 27 de julio, Flybondi había cancelado el 79% de los vuelos programados en Brasil. La autoridad también detectó diferencias entre la programación y los vuelos efectivamente realizados y un incremento de los reclamos de pasajeros.
Las restricciones alcanzaron inicialmente la venta de pasajes hacia Florianópolis, Maceió y Salvador, destinos que la compañía todavía no operaba de manera efectiva. Posteriormente, Brasil también limitó la comercialización de la ruta Buenos Aires-Río de Janeiro.
A la crisis operativa se suma una situación financiera cada vez más compleja. La Justicia argentina ordenó embargar cuentas bancarias de Flybondi por una deuda con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Según las resoluciones judiciales, el capital reclamado alcanzaba los $1.525 millones y, con intereses, la cifra ascendía a unos $1.754 millones.
La empresa también enfrenta reclamos de sus trabajadores y extrabajadores. Más de 700 exempleados denunciaron que todavía no cobraron las indemnizaciones a sus desvinculaciones, mientras que existen reclamos por salarios adeudados al personal que continúa en relación de dependencia.
En paralelo, la compañía redujo fuertemente su operación. La situación llevó a que durante agosto se registrara una paralización de vuelos, mientras continuaban los cuestionamientos por la venta de pasajes y los reembolsos pendientes.
En medio de la crisis, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) aprobó el plan de regularización presentado por Flybondi. El organismo había exigido a la empresa un programa para corregir las reiteradas cancelaciones y demoras y, tras analizarlo, resolvió mantener la posibilidad de que la aerolínea continúe operando.
La posición del regulador argentino contrasta con la adoptada por Brasil, que implementó restricciones preventivas sobre la venta de pasajes ante el deterioro de la operación y el riesgo de nuevos perjuicios para los pasajeros.
La ANAC argentina, por su parte, ya había labrado actas de infracción contra Flybondi por cancelaciones de vuelos comerciales sin aviso previo y había recibido reclamos de pasajeros por incumplimientos.
El retiro de los pasajes de las agencias representa un nuevo golpe para Flybondi porque afecta uno de los principales canales de comercialización de la industria turística. La compañía queda así frente a un escenario en el que confluyen problemas operativos, restricciones internacionales, deudas fiscales, reclamos laborales y una creciente pérdida de confianza entre los intermediarios y los pasajeros.
Mientras la empresa busca sostener su operación y avanzar con el plan de regularización aprobado por el organismo aeronáutico, las agencias parecen haber optado por reducir su exposición ante una situación que consideran difícil de garantizar para sus clientes.
El conflicto dejó de ser solamente un problema interno de Flybondi, sus consecuencias alcanzan a pasajeros, agencias de viajes, trabajadores y destinos turísticos que dependen de la conectividad aérea.

