La ciudad de Parma, cuna de algunos de los sabores más refinados de Europa, volvió a rendirse ante la pasión y el rigor técnico del maestro Ezequiel Ortigoza. En el marco del certamen pizzero más prestigioso del planeta, la selección nacional, bajo la tutela de APYCE (Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de Argentina) y de la mano de este auténtico «Messi de la Pizza», reafirmó que nuestro país ya no es un invitado de piedra, sino un protagonista indiscutido.
Por tercer ciclo seguido, la bandera celeste y blanca flameó en lo más alto del podio, demostrando que el nivel de nuestras pizzerías está a la par -y en muchos casos por encima- de las tradiciones europeas.

La expedición argentina estuvo compuesta por 12 maestros pizzeros seleccionados meticulosamente por la entidad. Estos profesionales no solo llevaron sus recetas, sino que dejaron atrás sus negocios familiares y sus afectos para representar al país en una competencia que reunió a más de 700 participantes provenientes de 51 naciones.
Ezequiel Ortigoza, el rey del freestyle, el Messi de la pizza
El nombre que resonó con más fuerza en los pabellones italianos fue el de Ezequiel Ortigoza, oriundo de Rafael Calzada, Almirante Brown. Considerado por muchos como el máximo exponente de la disciplina, Ortigoza logró una hazaña poco común: obtuvo el 2° puesto en la categoría Freestyle por segunda vez consecutiva. Esta posición lo catapulta directamente al Hall de la Fama del campeonato y lo confirma como uno de los artistas de la masa más importantes de la historia contemporánea.
Su presentación en la final fue un despliegue de arte y riesgo. El maestro argentino cautivó al jurado con una coreografía que integró acrobacias con fuego y culminó con una proeza técnica que dejó al público de pie: hizo girar sobre su cabeza una masa de más de 6 kilos y un metro y medio de diámetro. La ovación fue unánime, reconociendo una precisión que solo se logra tras décadas de oficio.
La historia de Ezequiel es la de una herencia inalterable. Su vínculo con la harina comenzó a los cuatro años, cuando acompañaba a su padre, Don Wildo, a su trabajo en la mítica pizzería porteña «El Cuartito», donde el hombre se desempeña como maestro desde hace cuarenta años. «El oficio viene heredado de mi abuelo y mi padre. Luego, lo continuamos con mi hermano Claudio», confiesa Ezequiel, quien a los quince años ya estaba formalmente en las cocinas.

Su formación fue un rito de pasaje: «Entraba a las 6 de la mañana para observar cómo los maestros pizzeros realizaban el moldeado. Todo tenía que estar listo antes de las doce del mediodía. Ahí aprendí a amasar», relata quien también pasó por las filas de la histórica Güerrín antes de profesionalizarse en la Escuela de APPYCE.
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El giro hacia lo artístico ocurrió en 2011, cuando descubrió en internet los videos del italiano Pasqualino Barbasso. «Recuerdo aquel día como si fuera ayer. Encontré el videíto en Youtube… Era como una coreografía de baile con la masa. Lo esencial es que no se te caiga. Dije ‘quiero hacer eso’ y lo arranqué como un hobby. En ese momento, nadie estaba realizando algo similar en Argentina», recuerda. Sus primeros entrenamientos fueron rudimentarios, utilizando un trapo rejilla como sustituto de la masa para perfeccionar los movimientos en el living de su casa.
Antes de este nuevo logro en Parma, Ortigoza ya había demostrado su valía internacional. En 2018, se colgó la medalla de oro en el «World Pizza Games» de Las Vegas, donde sorprendió a todos realizando parte de su rutina con los ojos vendados. Además, ostenta participaciones en los Guinness World Records, formando parte del equipo que preparó el mayor número de pizzas en 12 horas.
Hoy, junto a su socio Damián Marmol, lidera Pizzería FURORE, un templo de la pizza napolitana contemporánea en la calle Esmeralda 451. La noticia para los vecinos de la Ciudad es que el éxito se expande: en breve inaugurarán un nuevo local en el barrio de Palermo, específicamente en Honduras al 4000, donde seguramente lucirán las medallas obtenidas en esta última gesta.

Pero la delegación argentina no solo brilló en la acrobacia. El desempeño técnico puro tuvo su héroe en Luciano Grigolato, quien se posicionó en el 9° puesto en la categoría Pizza Clásica. En una competencia donde participaron 354 expertos en este rubro, Grigolato logró ser el mejor clasificado de la delegación nacional. Actualmente radicado en España, donde maneja un emprendimiento familiar, Luciano demostró que el paladar argentino tiene una sintonía fina con los estándares internacionales más rigurosos.
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Desde APYCE remarcan que estos triunfos no son obra del azar. La preparación para Parma implicó tres jornadas de una intensidad absoluta, con pruebas de maquinaria, selección de materia prima y una concentración total. Nada quedó librado a la suerte. La premisa «Argentina Pizza Fuerte» se ha convertido en una realidad tangible: hoy, el mundo sabe que si se habla de pizza, se habla de Argentina.
Este nuevo hito en Italia es, en definitiva, un reconocimiento a la capacitación constante y a esa pasión que nace en los barrios porteños y del Conurbano, pero que hoy se exporta como un producto de alta gama al escenario más exigente de la gastronomía global.

