Pedro Larraquy pertenece al selecto grupo de jugadores que hizo casi toda su campaña en un mismo club -en su caso, Vélez Sarsfield– y, al margen de campeonatos ganados o premios obtenidos, merece un reconocimiento especial, perdurable, por esfuerzo, profesionalismo e identificación con los colores.
Miembro de esa galería donde cohabitan Antonio Rattin, Reinaldo Merlo, Ricardo Bochini, Gustavo Costas, Abel Herrera y pocos más, es justo recordar hoy, en el cumpleaños número 70 de Larraquy, los hitos principales de una carrera que lo llevó a ser, hasta bien avanzado este siglo, el futbolista que más veces vistió la V azulada.
Pedro Larraquy, casi dos décadas con la misma camiseta
En 1969, justo un año después del primer título de la institución, Larraquy desembarcó en Vélez, donde hizo un paciente recorrido en divisiones inferiores. Volante de contención o marcador central, de fuerte contextura física y mucha personalidad, se destacó en todas las categorías y llegó a Primera en 1975.
No fue aquella una buena temporada para los de Liniers. Tampoco la siguiente, cuando estuvieron apremiados por el riesgo de descenso. El equipo se recuperó en 1977, con Carlos Alberto Cavagnaro como DT, y en un Metropolitano larguísimo, de 44 fechas, se ubicó tercero, detrás de River e Independiente y delante del Boca campeón de América.

Pedro, pese a su juventud, lideró con la cinta de capitán a una formación con varios muchachos de gran experiencia, como Osvaldo Edmundo Gutiérrez y Armando Oscar Ovide, y a otros que empezaban a sobresalir, tales los casos de Julio César Falcioni y José Antonio Castro.
Así está hoy Osvaldo Piazza, el DT que sucedió a Carlos Bianchi en la época de oro de Vélez y es ídolo en Francia
Desde su fase formativa, Larraquy llamó la atención por una notable capacidad para imponerse por arriba en las dos áreas. Ese destacado juego aéreo le permitió ubicarse en el top 5 de los máximos anotadores de Vélez, nómina que encabeza Carlos Bianchi. Con el tiempo, Pedro -autor de 82 tantos- fue relegado al sexto puesto por el delantero Patricio Alejandro Camps.
El 79, un año consagratorio para Larraquy
Vélez sorprendió con su campaña en 1979, cuando alcanzó la final del Metropolitano. Fue subcampeón de uno de los mejores River de la historia, poblado de mundialistas (Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Leopoldo Luque, Norberto Alonso) y dirigido por Ángel Labruna.
Larraquy fue una de las figuras de aquel torneo y su alto nivel justificó la convocatoria de César Luis Menotti, entrenador del seleccionado argentino, para la Copa América, que entonces se disputaba con otro formato. Pedro sumó en esa competencia tres intervenciones con la celeste y blanca.
Una lesión le impidió jugar en buena parte de la Copa Libertadores de 1980, primera en la historia velezana, donde el equipo se desquitó de su verdugo River y lo eliminó en el período suplementario de un partido de desempate.

Al otro año, en un Nacional donde quedó a las puertas de la definición luego de cruzarse con un compacto Ferro de Carlos Timoteo Griguol, Larraquy se dio el gusto de marcar cuatro goles el 30 de septiembre en un 5-0 frente a Gimnasia y Tiro de Salta en el estadio José Amalfitani.
Aunque buscó reforzarse con valores de jerarquía, repatrió al ídolo Bianchi y trajo a directores técnicos de probada calidad, como Juan Carlos Lorenzo, Vélez recién volvió a pelear por un título en 1985. Se topó con un Argentinos Juniors espectacular, el de Sergio Batista y Claudio Borghi, que privó al club y a su máximo referente de una ansiada conquista. Las vueltas olímpicas se sucederían durante la década del 90, con nombres gloriosos y Pedro ya retirado, haciendo fuerza desde afuera como cualquier hincha.
Pocos lo conocen: el invento que Bernardo Neustadt le dio al fútbol y cambió la forma de ver el juego
Desplazado por Fabián Cubero al segundo escalón en la tabla de presencias, Larraquy -ya sin aquellos rulos morochos de su etapa de futbolista- sigue vinculado a Vélez en el ámbito de sus Inferiores con un perfil bajo, trabajador, respetuoso. Permanece nítida, eso sí, su imagen como símbolo del jugador criado en el club.

