Al margen de que para lograr su clasificación a los octavos no sea imprescindible un triunfo en el partido de este martes, para Boca -sobre todo para sus hinchas- ganarle a Cruzeiro es una necesidad. También lo es para sus jugadores, luego de un cruce de ida que terminó con derrota por 1-0, protestas contra el arbitraje del uruguayo Esteban Ostojich (expulsó al paraguayo Adam Bareiro en el primer tiempo) y tumultos en el cierre con varios de los adversarios.
Cruzeiro es el club brasileño con más historias para contar en los duelos contra Boca. La estadística registra un balance con ligero superávit para los Xeneizes (7-4-6) y una alegría inolvidable: la final de la Libertadores 1977. Los de Minas Gerais pueden presumir de haber dejado atrás a su calificado oponente en el último mano a mano, por la Sudamericana 2024, la noche en que el peruano Luis Advíncula fue echado antes del minuto.
Juan Carlos Lorenzo embarró la cancha para jugar con Cruzeiro
Con tantos antecedentes, sobran las anécdotas. Y hay una, próxima a cumplir medio siglo, que resume el folclore de estos enfrentamientos coperos entre argentinos y brasileños.
La ida de aquella final se disputó el martes 6 de septiembre en la Bombonera. No había llovido en Buenos Aires y sorprendió que algunos sectores del terreno aparecieran resbaladizos. Cuenta la leyenda que el director técnico Juan Carlos Lorenzo ordenó regar el césped en las horas previas, para que los visitantes -campeones de la Copa en 1976, tras doblegar a River- no pudieran desplegar su juego lucido.

Un gol de Carlos José Veglio a los cuatro minutos del primer tiempo, justo en la zona más embarrada del campo, le otorgó a Boca una ventaja temprana que acabó por ser suficiente. Más allá de alguna artimaña como la descripta y de un férreo apego a las cábalas, aquella formación dirigida por el Toto Lorenzo tenía una solidez defensiva a prueba de balas. De hecho, en los 13 encuentros de aquel certamen le convirtieron solo tres veces.
Para aguantar la mínima diferencia, Lorenzo sacó en la segunda etapa a un delantero central, Daniel Severiano Pavón, y puso a un volante de contención, el batallador Héctor José Bernabitti. Ambos habían sido compañeros en Platense.
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La vuelta de la final fue el domingo 11, casi en simultáneo con la consagración del argentino Guillermo Vilas en el US Open ante el local Jimmy Connors. Boca perdió 1-0 en Belo Horizonte por culpa de un lejano y poderoso tiro libre del especialista Manoel Rezende de Mattos Cabral, alias Nelinho, un marcador de punta que otorgaba algunas licencias a la hora de marcar pero jugaba siempre, incluso en la Selección, por su notable pericia para pegarle al balón con todos los efectos.
El desempate en Montevideo de Boca y Cruzeiro
El tercer cruce, programado para el martes 13 de septiembre en el Estadio Centenario de la capital uruguaya, se postergó 24 horas a raíz de la neblina. El miércoles 14, con Boca vestido de blanco, no se sacaron diferencias durante los 90 minutos regulares ni en la media hora de tiempo suplementario, en gran medida por las providenciales intervenciones del arquero Raúl Plassmann, mundialista con su país en 1978.

Por primera vez en la historia de la Copa Libertadores hubo que recurrir a los tiros penales y Roberto Mouzo, número uno de la lista de ejecutores, mandó dentro el suyo en un segundo intento (el primero fue invalidado por adelantamiento de Raúl). José Luis Tesare, reemplazante del lesionado Pancho Sá; Mario Nicasio Zanabria, el Tano Vicente Alberto Pernía y el mendocino Darío Luis Felman también convirtieron.
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Tampoco falló ninguno de los brasileños, en una secuencia infartante, hasta que el Loco Hugo Orlando Gatti, en su atajada cumbre, tapó el remate de Vanderley e hizo posible que Boca levantara el primero de sus trofeos de Conmebol.

