El título de este capítulo parafrasea aquella memorable película dirigida por el legendario Néstor Zapata, obra de teatro escrita en 1978 y llevada a la pantalla grande en 2014, con gran éxito de taquilla, incluso en Europa: “Bienvenido, León de Francia”.
Con fotografía del «Nene» Molina y música de Jorge Cánepa, una pléyade de estrellas rosarinas, Raúl Calandra, Sara Lindberg, Naum Krass, Griselda De Lorenzi, Matías Martínez, Darío Grandinetti, Luis Machín, Cecilia Petrocelli, Ricardo Corvá, Maru de Rosa, Matías Tamburri, Kevin Trumper, entre otros, recrearon en un largometraje la obra del Grupo de Teatro Arteón, con escenarios de lujo como los teatros La Comedia, El Círculo, La Morada y salas como la Lavardén y el Centre Catalá que anunciaba, y denunciaba, la intervención a radios y la desactivación de las salas teatrales en los tristes años de la «Revolución Libertadora», con la oportuna trama de trashumantes artistas de radioteatro.
Más de uno se preguntará ¿qué tendrá que ver ese exitoso suceso teatral y cinematográfico de Arteón con la efemérides del día de hoy?
Pues, nada, y todo.
Porque «bienvenido» es una palabra que se usa para agradecer profundamente una presencia que llega, mientras que el agregado usado para titular, sólo remarca una frase ya conocida, que está en la memoria colectiva, y que ayuda a tomar conciencia de algunas «patriadas».
Fue el 7 de febrero de 1812 que Belgrano llegó, como dice de puño y letra en su Diario de Marcha que descansa en un -¡sabrá Dios hasta cuándo!- cerrado Museo Internacional de la Democracia.
Para saber cómo ocurrieron los acontecimientos históricos basta con leer la historia escrita por cientos de personas de mil modos.
Acá, una serie de acontecimientos que vivimos hoy, que también ayudan a escribir la historia.
Tempranito fuimos, tras encontrarnos con mucha gente querida en el camino, al enarbolamiento en el Monumento Nacional a la Bandera, teniendo como guía la información suministrada por la página oficial, que el izamiento se realiza todos los días, a las 8.15
Pues bien, llegamos a las 8.08 ¡y ya la encontramos al tope!
Bueno, al menos pudimos tomar una imagen de cómo «Febo asoma», aún sin estar en San Lorenzo, y la misma nos devolvió -¡oh, Divina Providencia!- un sol que pareciera estar atravesado por el mástil mayor. ¿Simbolizará una herida lacerante o un corazón tocado por Cupido para los enamorados de la historia? El ojo del observador completa la escena. Como suelen decir los internautas, los leemos en los comentarios.
Podemos apreciar en la fotografía, adosado a una alta torre de reflectores, el Escudo nacional que también tiene su historia, y ya la contaremos en otra oportunidad.
Y a propósito de San Lorenzo, no podemos evitar mencionar que hasta el propio presidente de la Nación parece venir con delay. No estuvo en esa ciudad el 3 de Febrero que fue el aniversario del único combate de José de San Martín en nuestra tierra, y sí lo hizo el 7.
Esto de correr las fechas patrias por cuestiones de agenda o de mini vacaciones ¿no nos estará haciendo perder la identidad y debilitar las tradiciones, que son la base de la cultura nacional?
Consultamos con una pareja de «Centinelas de la Patria», gendarmes que están allí custodiando el lugar desde que se designó al monumento «Nacional e Histórico» recién en 1989, a pesar de haber sido inaugurado en 1957. Gentilmente, el gendarme nos informó que suele enarbolarse entre las 8 y las 8.15, más o menos, y que fluctúa porque los empleados municipales sólo están de lunes a viernes, no así los fines de semana.
La Galería de Honor de las Banderas de América, ese -página oficial dixit- «emblemático sitio que simboliza la hermandad de las naciones americanas libres e independientes y exhibe la riqueza cultural de cada uno de estos países presidiendo en la sala la Bandera Argentina. Contiene las banderas de los países americanos libres, la de España y la de Italia, como símbolo de la corriente inmigratoria de «argentina (sic) y otras banderas históricas junto a los símbolos nacionales de los países de la Organización de Estados Americanos». ¡Cerrado!
Y en su ingreso, lo siguiente: «Estamos trabajando en la restauración y puesta en valor de la Sala de las Banderas. Durante los próximos meses estaremos instalando el sistema de climatización en la Sala y otros trabajos que tienen como objetivo la revalorización y preservación de nuestro patrimonio. Disculpe las molestias ocasionadas». Quienes quisieran obtener más información deberán concurrir a un Instagram. Los que no tenemos la aplicación, nos quedaremos con las ganas. Si pensamos que la franja etárea que comprende la tercera edad es mayoría en el mundo y Rosario no es la excepción, capaz que tenga poco de inclusiva la sugerencia.
En fin, sigamos recorriendo las huellas de Belgrano en aquel 7 de Febrero de 1812. Tomamos Santa Fe, bajo la atenta mirada del retrato inaugurado con motivo del Tricentenario, a inspiración de una dama centenaria.
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Nos sorprendió encontrarnos, de cerca, con algo de lo que ya nos habían hablado. ¿Por qué le dejaron esa «curita» sobre la ceja izquierda a Belgrano? Las otras dos imperfecciones (son ventanas mal disimuladas) no se notan tanto a la distancia, pero esta es muy evidente. Así lo registró la siguiente toma y nos preguntamos si ese detalle del magnífico retrato que atrae la atención de locales y turistas que aciertan a pasar por el lugar, podría minimizarse, dentro de los trabajos de puesta en valor del patrimonio. ¡Ojalá así sea!
Llegamos a la Plaza Mayor, hoy 25 de Mayo, donde Belgrano presentó sus tropas antes de cruzarse a la entonces humilde capilla de adobe y paja para honrar a la Virgen del Rosario que nos dio su nombre para encontrarse con la misma imagen que hoy podemos descubrir en el Camarín de la Catedral. ¡Algo que en cualquier lugar del mundo llenaría catálogos de interés turístico! Un objeto que tiene más de 250 permaneciendo y perteneciendo a la ciudad, quizás el más antiguo de todos como adquisición propia y por suscripción popular.
¡Y allí aparecieron las buenas noticias! Nos encontramos con una apreciada vecina del casco histórico, la inefable profesora Alba Romano, acompañada por dos de sus amigos, Marina y Guillermo Zacutti, con quienes departimos con afecto sobre la fecha histórica. Con gusto posaron para esta columna junto a Manuel Belgrano y José de San Martín, en la diáfana mañana sabatina.
La Providencia hace su trabajo en silencio, pero nunca deja de hacerlo.
El colmo de la alegría fue cuando advertimos en esa misma plaza a varios «croquiteros anárquicos» como ellos mismos se autodenominan, varios integrantes de Rosario Scketchers dibujando con ganas la ciudad que tanto aman, a través de sus trazos en el papel, con lápices, bolígrafos o acuarelas.
Como para darle al acontecimiento de la llegada de Belgrano a Rosario un marco de excelencia, allí estaban los dibujantes. Más aún si tenemos en cuenta las acciones que pensó y realizó con tanta pasión el prócer, entre ellas, la Academia de Dibujo, dependiente del Real Consulado de Comercio de Buenos Aires, materia indispensable para el progreso de un Estado y la formación técnica de los artesanos. ¡Gracias Rosario Scketchers por ser y por hacer cada sábado en distintos sitios de la ciudad!
Finalizamos el recorrido visitando a Gladys Urquiza, quien a sus cien años, luego de haber diseñado bellas prendas de confección en su juventud, y dibujado, esculpido y pintado en su madurez, nos demostraba que aún puede, con ganas, seguir tejiendo al crochet para los niños del mañana. Eso sí que es tener fe en la Patria y ganas de seguir poniéndole el hombro, el corazón, las manos y el alma a la vida, igual que aquellos prohombres que nos precedieron para darnos la Soberanía.
No llegamos al Parque Regional Sur «Dr. Carlos Sylvestre Begnis», por donde ingresó Manuel Belgrano aquel 7 de Febrero de 1812, pero sí lo hicieron integrantes del Instituto Belgraniano de Rosario. El doctor Jorge Tomasini Freyre, la profesora Teresa Sánchez y Pereyra y la compiladora Mirta Belmonte de Ratti depositaron una palma de olivo al pie del busto que recuerda el heroico acontecimiento en agradecimiento a tan maravilloso legado.
La siguiente foto, gentileza del Instituto, nos muestra por donde cruzó el entonces coronel Belgrano, con sus carretas y soldados del ex Regimiento 1 de Patricios, que habían perdido su número y nombre debido a las sanciones disciplinarias que se les impuso luego de protagonizar «el Motín de las Trenzas», y pasó a llamarse Regimiento Nº 5 de Infantería.
Atrás habían quedado los quince días desde que partieron de Santa María de los Buenos Ayres, en un tórrido verano por el que atravesaron la Plaza Miserere, Morón, Flores, Cañada de Escobar, la Villa de Luján, la Posta de Areco, Arrecifes, Fontezuela, los arroyos Ramallo, del Medio, Pavón, Seco, hasta llegar al Saladillo para cruzarlo por un sitio en el que hoy día sería imposible hacerlo, debido al profundo dragado realizado en los años setenta.
Ya no era la misma fuerza militar que arrancó el 24 de enero, castigada y descendida. Era un grupo de valientes patriotas que habían convivido durante quince días de ardua marcha por campos áridos, sufriendo sed, haciendo fuego para cocinar hasta con bosta de ganado, fraguada en la camaradería y en el ideal de libertad e independencia que sólo pudo inspirar la espiritualidad de un hombre como Manuel Belgrano.
Cada día, se rezaba el Santo Rosario y se cantaba la canción patriótica -la música siempre acompañó y fortaleció las grandes causas- antecedente del Himno Nacional.
¿Gusta de revivir ese momento?
El doctor Jorge Alberto Marcipar, médico y talentoso artista rosarino comprometido con los valores nacionales, nos ayuda a disfrutar con su generoso aporte, en un video que dura un poco más de 7 minutos, esta, casi desconocida para la mayoría, maravillosa historia.

