Rosario Central entró en una meseta futbolística desde hace algunos partidos, incluyendo este comienzo de 2026 y los últimos del 2025. Los resultados ya no maquillan el síntoma principal, la falta de un plan. Cambió el mando en la conducción técnica y nada mejora hasta el momento. Es cierto, el año recién arranca, pero cuesta vislumbrar un atisbo de mejora cuando la mano arrancó torcida de entrada.
Jorge Almirón apenas llegó a Arroyito, pero su influencia ya empezó a pesar negativamente en el semblante auriazul. El nuevo entrenador, lejos de potenciar y consolidad todo lo bueno que hizo el Canalla la temporada pasada, consiguió hacer que el equipo involucione. Acá si hay absoluta responsabilidad suya, en un plantel que precisaba algunos retoques puntuales, pero no desarmar todo.
El partido de esta noche de domingo ante River volvió a reflejar las sensaciones que se perciben en este comienzo de ciclo, desde antes que la pelota empezara a rodar. La partida de Ignacio Malcorra dejó un hueco imposible de reemplazar, y el conjunto auriazul padeció una vez más la falta de juego, como tantas veces se remarcó. Además de la escasa generación de fútbol, Central se volvió un equipo tímido, que se defiende incluso de local, sin otra alternativa más que depender de las manos salvadoras de Jeremías Ledesma, que bastante vienen haciendo hasta el momento.
El primer tiempo del encuentro de Arroyito pareció que se estuviera jugando en el Monumental. Un Canalla totalmente replegado, a merced de su rival, esperando un error en la distribución millonaria para salir de contra, resignando la posesión y el dominio territorial. Y cuando conseguía recuperar el balón, las pocas veces que lo hizo, tampoco tenía suficientes alternativas para esbozar algo profundo en ataque.
La etapa inicial fue de lo peor de Central en mucho tiempo, el experimento táctico del 4-3-1-2 salió fallido, como cada prueba que hizo el técnico hasta ahora. El VAR lo salvó de irse al descanso en desventaja, algo que hubiera merecido por lo sometido que estuvo por su contrincante, que por momentos se lució con la pelota.
Corrigió en el complemento con el ingreso de Gaspar Duarte, que le dio algo de profundidad por los costados y, con sus ganas, contagió al resto de sus compañeros a ir más adelante en el campo y pelear el trámite. Solo el empuje de la segunda mitad se puede rescatar del encuentro de hoy. El Canalla carece de una idea futbolística, no se entiende cual es el plan de Almirón más allá de darle la pelota a Ángel Di María y que se arregle. Faltó rodear de mayor y mejor calidad a ‘Fideo’ en su último año de carrera. Se esperaba mucho más del mercado de pases.
Como punto positivo hay que mencionar la actuación del pibe Ignacio Ovando, que cada partido se consolida más. El juvenil surgido de la inferiores tiene presencia, oficio en la marca y buen pase. De a poco se va ganando la titularidad en un once inicial con más dudas que certezas. Quizás al técnico le llegó la hora de mirar más a los chicos, dado que Duarte también aportó, mientras que siempre queda pendiente ver más minutos de Santiago Segovia y Giovanni Cantizano, dos de las promesas de la cantera que merecen mayor rodaje en primera.
Además del mencionado y ya ido Malcorra, Central también extraña a Carlos Quintana y esta noche extrañó horrores el desequilibrio de Jaminton Campaz por izquierda, que le hubiera dado algún dolor de cabeza por su sector a Gonzalo Montiel. Al margen de los nombres, se precisa una idea, sentar las bases, marcar el camino por donde desempeñarse y desde ahí construir. Recién arranca todo, pero es imperioso encontrar un funcionamiento cuanto antes. Mucho por trabajar y por hacer por Arroyito, con absoluta responsabilidad desde la conducción técnica.

