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    Rosario Sin Secretos: “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”, una historia paralela entre Julius y Joaquín

    septiembre 11, 2025
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    El trabajo en equipo, indudablemente, rinde sus frutos. A sabiendas de la atracción que ejercen las efemérides sobre quien suscribe, varias voces amigas propusieron temas para encarar esta nota. La Providencia hizo lo suyo, claro, y así conjugamos muchas historias para llegar a esta nueva entrega de Rosario Sin Secretos.
    ¿Cómo comenzó todo? A instancias de una noticia que nos sorprendió: la pretensión estatal de “desaparecer” de la currícula educativa la materia que desarrolla la Historia.
    En un encuentro organizado por el Instituto de Educación Superior Nº 28 “Olga Cossettini”, se planteó la inquietud durante la Primera Jornada de Profesorados de Historia y Geografía, que contó con la participación de docentes de esta ciudad y también de Armstrong, Carcarañá, Coronda, Fray Luis Beltrán, Rafaela, Santa Fe, San José de la Esquina y Villa Constitución.
    Allí se puso en tensión la tendencia generalizada de los diferentes gobiernos provinciales de los últimos años en Santa Fe “a reducir los contenidos y las horas de Historia en los distintos niveles educativos”.
    Formulamos votos para que la cuestión sea ampliada, urgente y debidamente, por los colegas de los distintos medios, para frenar este “culturicidio” explícito.
    Porque, ¿qué es últimamente un periodista? Un candidato a concejal, a diputado, a senador? ¿O alguien que tiene que hacernos tomar conciencia de la importancia y trascendencia de la política y los hechos desde los diferentes medios, ayudándonos a ejercitar nuestra memoria?
    Muchos gobernantes han decidido hacer “la gran Carlos Saúl” de los ’90, colocando en ámbitos de poder a personajes mediáticos, para ahorrarse la mitad del costo de la campaña publicitaria al ser ya conocidos los candidatos, por un lado, y para atraer la atención sobre los “alejados” de la casta política, por el otro. Esos cócteles han resultado, en ocasiones, poco saludables y un tanto explosivos para el ejercicio de la democracia.
    Ya lo había sentenciado Aldous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia, es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. La cuestión es que, sin dudas, “mucha agua ha pasado bajo el puente”, incluso, hasta hacer temblar sus propias bases y pilares.
    Acudimos al saber popular que evidencian los refranes porque él encierra todo el saber y nos metemos de lleno en la historia vernácula, trayendo a colación otros horizontes.
    Julius Fucík nació en Praga allá por 1903, un 23 de febrero, el verdadero Día de la Escarapela Nacional argentina si nos atenemos a la creación de Manuel Belgrano, aquella tarde de 1812, desde la capilla del Rosario del Pago de los Arroyos de la Santa Fe de la Vera Cruz, y también el día en que nació, en 1919, la Asociación Empleados de Comercio de Rosario.
    Es improbable que el escritor y periodista checoslovaco, detenido y ejecutado por la Gestapo el 8 de septiembre de 1943 -aun cuando su muerte inspiró, por esa inveterada cultura necrófila, el Día Internacional del Periodista-, haya conocido la existencia del joven catalán anarquista Joaquín Penina detenido en Rosario el 9 de septiembre de 1930 por la ley marcial y el estado de sitio impuesto en el golpe de Estado dado por José Félix Uriburu al entonces presidente Hipólito Irigoyen.
    Aun así, este trabajo nos permite unir sus destinos.
    Penina fue fusilado en la zona sur de Rosario -a la luz de una esplendorosa luna como la que ilumina estas noches-, a orillas del arroyo Saladillo, entonces terrenos pertenecientes al Ejército, sin proceso, ni jueces civiles ni militares, ni posibilidad de defensa alguna, 13 años antes que Fucík fuera colgado, en Berlín.

    Sacado a la fuerza por una comisión policial del altillo de la casa de pensión en la que vivía, ubicada en Salta casi Presidente Roca, el joven albañil ceramista cargó en el bolsillo de su saco, unas galletas marineras para soportar el hambre ante la falta de libertad. Sabía lo que era eso. Ya lo habían detenido el 12 de agosto de 1927 por haber participado de una manifestación realizada en Rosario, que tuvo réplicas en el mundo entero, peticionando la libertad de Sacco y Vanzetti, quienes también, luego de ser ejecutados, fueron encontrados inocentes del crimen que entonces se les adjudicaba.
    A Penina lo acusaban de imprimir y difundir propaganda contraria al régimen dictatorial de facto. “Agitador”, consignaba su prontuario. Así se los llamaba a quienes tenían ideas que los enervaban ante la injusticia, la desigualdad, la opresión del totalitarismo.
    Incluso llegó a publicarse una noticia falsa -hoy les dicen “fake news”-, generada en la usina de prensa policial, que daba cuenta de tres fusilamientos cuando en realidad, a sus otros dos compañeros detenidos, se les había facilitado la fuga para luego deportarlos a sus países de origen. Uno de ellos, al regresar, visitó la tierra natal de Penina para informar la mala nueva.

    De un folleto que ganó la calle, por prepotencia de trabajo, el médico, psicoanalista, militante anarquista y editor de La Protesta, en Buenos Aires, y Refractions, en París, transcribió en su libro “Joaquim Penina: el fusilado de Rosario”, este retrato de palabras:
    “Penina tenía alma de apóstol. Fue un profundo rebelde. Vivió de cerca la injusticia social, amó el alma proletaria más que la suya propia. Como quien se libra de un pesado lastre, desposeyó su espíritu de todo egoísmo. La solidaridad fue en él un hecho profundo y vivido. En cada violencia ajena templaba su carácter. Así se hizo rebelde. Su rebeldía sin ruidos, sin gestos vacíos, pero de gran firmeza, se asentó en el dolor de muchos años tristes y dentro de su cerebro inquieto sólo vivió un deseo continuo: sembrar ideas. La dictadura lo sorprendió sembrando, para abrirle surcos de fuego en su carne y en su alma. Frente a la boca de sus pistolas, su rostro, sonriente siempre, enamorado de la vida a pesar de todas las injusticias, no pudo traducir rencor sino lástima hacia los criminales de la patria”.
    Cuando la partida policial regresó a su vivienda en calle Salta, también destrozaron toda su biblioteca, incineraron cuanto documento hallaron, saquearon cuanto pudieron y se robaron los 600 pesos que había ahorrado para pagar el pasaje de sus padres y traerlos desde España.
    Lo mismo le ocurrió al poeta Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, a quien conocemos como Pablo Neruda, quien supo resumir en una frase ese atropello de quienes detentan el poder con violencia: “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.
    Idéntica razón por la que “hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”, palabras que se atribuyen a Cornelio Saavedra al referirse al -descubierto con el tiempo y el revisionismo de la historia- asesinato de Mariano Moreno en alta mar. Otro apasionado periodista que dio origen, con la creación de la Gazeta de los Buenos Ayres, a la fecha que recuerda a hombres y mujeres que sostienen, con integridad, la libertad de prensa en Argentina, y que también fundó la primera biblioteca de la Patria, la Nacional.
    “Joaquín Penina, el primer fusilado” fue el libro escrito por Fernando Quesada, y editado en cantidad artesanal y limitada, durante 1974, por el Centro Editor de Estudios Sociales, sentando las bases para otras investigaciones.
    Fue entonces que, otra biblioteca, entrañable, emblemática, nacida en el corazón del barrio Tablada, la Vigil, encargó al poeta Aldo Oliva, la redacción de “El fusilamiento de Penina”. Cinco mil ejemplares se publicaron, pero la historia volvía a repetirse: la última dictadura militar ordenó su total destrucción por el fuego, junto con los otros 75.000 libros existentes en el monumental edificio que la barriada levantó en Alem y Gaboto y que comenzó siendo… una humilde biblioteca vecinal.
    ¡Pero la verdad suele ser resiliente y se resiste, aunque el tiempo la resienta y quiera condenarla al olvido!
    Por eso, honramos desde esta Columna, la misma frase que David Viñas atribuyó a José Zorrilla, Bioy Casares afirmó que es de Tirso de Molina y el escritor Fernando Sorrentino rescata en Juan Ruiz de Alarcón: “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”.
    El propio hijo de Aldo Oliva, Antonio, investigador y profesor de Historia por la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario inició un camino de reconstrucción histórica entre Argentina y España y consiguió la reedición de un ejemplar encontrado en el fondo de una caja, deteriorado y sin tapas, que llegó a sus manos a través del hijo de un integrante de la pionera Vigil.
    El arte ayuda muchas veces a comprender más nítidamente la historia que muchos prefieren ocultar. Y el llamado séptimo arte no es la excepción.
    Fue en septiembre de 1944 cuando se juntaron trabajadores de los principales estudios para crear la Asociación Gremial de la Industria Cinematográfica Argentina (AGICA) convertida en SICA cuatro años más tarde, y agrupando a todos los técnicos y profesionales de Cine y Video de la República Argentina.
    Sobre un guión de Maximiliano Quintero y Diego Fidalgo se realizó el documental: “Hombres de ideas avanzadas”, sarcásticamente una de las etiquetas puestas a Penina en los expedientes de 1930, cuando usaron esa condición como principal motivación para asesinarlo a sangre fría. Allí se narra también los orígenes de la milagrosa aparición del que se creía, era el único ejemplar salvado de las llamas.
    También el Canal Encuentro narró su historia, en una filmación que adolece de algunos errores históricos.
    Pero, ¡la vida te da sorpresas! Y apareció, en plena pandemia, un nuevo ejemplar original de Aldo Oliva, esta vez completo, aunque un tanto ajado y maltratado por el paso del tiempo.
    Alguien lo descubrió en una librería de viejo y se lo trasladó a un socio de la recuperada Biblioteca Popular que estuvo intervenida durante tres décadas y media tanto por militares como por autoridades civiles.
    El socio lo acercó a la Comisión Directiva y esta, a su vez, solicitó al Servicio Bibliotecario que convocara a alguien idóneo para recuperarlo en toda su integridad y ponerlo a disposición del soberano, el público lector, ávido de conocimientos que nutren la historia de Rosario, su identidad, su patrimonio cultural, las palabras que nos acercan a los hombres y mujeres que nos antecedieron y formaron parte de este Rosario sin secretos que es imprescindible develar.
    Así lo hicieron, y sumaron a la especialista en la materia, Carolina Zoppi quien, junto a su equipo de restauradores, tuvo a su cargo la “vuelta a la memoria activa” de alrededor de un centenar de libros, muchos de ellos prohibidos durante la última dictadura, a fin de ponerlos en circulación y a disposición de la comunidad que crece día a día, interesada en nuestros orígenes.

    “El pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”, ya nos advertiría el filósofo George Santayana.
    Otra vez, fundante y fundamental fue el accionar de la Editorial Biblioteca Vigil al proponerse rescatar la integridad del único ejemplar entero disponible de Aldo Oliva, y encomendar su puesta en valor para ofrecerlo, generosamente, a la comunidad que desee, como en 1810, “saber qué se trata”.
    Por otra parte, de la placa que alguna se colocó a iniciativas del Centre Catalá de Rosario en la fachada de la casa de calle Salta para honrar en la memoria la morada de un impulsor de las luchas obreras en 1928, cuyo mayor “crimen” había sido defender con valentía y resistencia la clase proletaria y a quien se lo acusaba de escribir y difundir volantes contra la opresión de las dictaduras, no quedó ni la sombra.
    El “progreso“ instaló allí un edificio con sendos locales comerciales en su planta baja, uno de los cuales tiene una nombre tan francés como sugestivo que hasta inspiró una película basada en el best seller que cuenta la historia de Henri Charrieri, prisionero y escapado de la cárcel, por un crimen que nunca había cometido, Papillón. Una mariposa que nos trae su recuerdo.
    Otro apasionado periodista, José Guillermo Bertotto, fue uno de los más encendidos defensores de la figura de Joaquín Penina. Trabajó en La Capital y en Acción, para fundar él mismo su propio medio: Democracia.
    La campaña iniciada en 1932 en sus páginas para lograr el esclarecimiento de ese crimen que, en Rosario -triste privilegio-, inauguró una larga historia de desapariciones forzadas, resultaron claves para reconstruir la historia.
    Bertotto, fue autor también de dos interesantes libros: Mi amigo, Martín Fierro y Pedagogía Social del General Perón, así como de la publicación del texto de petición de 30 diputados nacionales y 200 obreros ferroviarios en “Regreso y reingreso”, que posiblemente grafique la solicitud a Juan Domingo Perón de un indulto “por ausencia de delito, y persecución política” en el escándalo que significó la compra de los terrenos de El Palomar, siendo diputado nacional irigoyenista.
    Después del indulto presidencial, Bertotto escribió: “Logré cruzar inmenso terrible fangal y el lodo no se halla en mis suelas de caminante. Tal vez lo vea en bocas perversas, más eso ya no me violentaría: el calvario me enseñó a seguir mi estrella. Aquí estoy nuevamente. ¿Qué prueba más soberbia de la justicia de Dios? ¿Dónde gimen los engreídos que calcularon hundirme en las aguas turbias de sus ciénagas inmorales? Reaparezco como un remordimiento mordaz. Y soy sólo un hombre de larga agonía; aguardo, con calma, se cubra primero la fosa de mis sepultureros. Les he superado en coraje, en lealtad, en vergüenza; por algo a mí la buena gente limpia, laboriosa y digna me saluda al pasar. Me reconoce, reconoce al luchador a quien no doblegaron millonarios, jueces y políticos de lance”.
    José Quesada sostuvo, al hablar de Penina: “La sangre de los mártires han abonado siempre el surco abierto en la madre tierra. El riego de las generaciones hace retoñar la existencia espiritual y física de los hombres, de las ideas… Esta historia confirma el concepto: Penina no ha muerto; resurge hoy de nuevo; mañana será enarbolado como bandera de combate contra las dictaduras; será un símbolo que renace”.
    Dentro del Parque Regional Sur, donde lo fusilaron, se inauguró una plazoleta con su nombre que muchísimos rosarinos deberían conocer.
    La ordenanza del Concejo que en 1995 cambiaba el nombre a la calle Regimiento 11 para convertirla en “Joaquín Penina”, nunca se cumplió, y sólo se le dedicó en la nomenclatura un pequeño pasaje, antes llamado Graham y también Londres en la zona sur.
    Cerca, otro pasaje, Checoslovaquia, lo une -¡inexcrutables son los caminos de la Providencia!- con la cuna de Julius Fucík, quien lo acompaña en la foto de portada de esta nota, diseñada por Florencia Vizzi, editora de Conclusión.
    Mientras tanto, en Gironella, Catalunya, su tierra natal, una importante avenida luce orgullosa su nombre.

    Nos despedimos con un doble regalo: 1) un video que nos lleva visualmente a aquella época de encendidas luchas de clases. Con la voz de Joan Báez, la misma que una noche de septiembre de 1974 hizo temblar de emoción a miles de rosarinos en el inolvidable Cine Teatro Real construido sobre el solar en el que supo estar la fábrica de licores de Ignazio Giacometto, también en la calle Salta, en su intersección con Oroño, cuando aún era bulevar Santafesino. 2) Una imagen del 1900, perteneciente al Archivo de Fotografías de la Escuela Superior de Museología de Rosario, que nos muestra el frente de la importante licorería rosarina.

    

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