Todo tiene que ver con todo, dijera alguna vez Pancho Ibáñez, y vaya que es así, por eso este capítulo de Rosario Sin Secretos, redactado tras un luminoso día en el que Rosario vivió dos relevantes acontecimientos casi a un mismo tiempo.
Por un lado, el festejo oficial del “día de la Bandera” con la presencia de funcionarios de los tres estamentos gubernamentales en la zona del Monumento y, subiendo por la misma calle Santa Fe, en su cruce con avenida Francia (que debiera llamarse bulevar, por su característica arboleda, y que en sus orígenes se denominaba Timbúes), en la Facultad de Ciencias Médicas (tal vez para intentar curar heridas históricas), el 4º Congreso Federal por la Soberanía. En uno se abogó por la libertad individual; en el otro, por la colectiva. De ambos eventos, con multitudinaria presencia, abunda información en distintas plataformas de comunicación.
Por lo tanto, no nos ocuparemos de ellos sino específicamente de la fecha que se conmemora, festeja o recuerda, aun cuando existe bastante confusión sobre el tema, ya que muchos aseguraron que se trataba del Día de la Patria, fecha más relacionada al 25 de Mayo cuando la revolución de 1810, que a esta efeméride que ocurrió diez años y casi un mes después.
Vamos por parte, diría quien lo dijo. Caería en humor negro si no fuera por la fatídica similitud entre aquellos crímenes cometidos en el barrio londinense de Whitechapel, durante la época victoriana, allá por 1888, y la cruenta realidad que aún por estos días estalla en la pantalla.
Arranquemos con lo, por ahora, más cercano en el tiempo de estas dos historias. Un año después de esas macabras atrocidades que tuvieron en vilo al mundo policial y detectivesco mostrando la doble moral y vida que se vivía en Gran Bretaña, con cortinas de terciopelo y oro por un lado, y un laberinto de callejones que olían todo el tiempo a la putrefacción del Támesis por el otro, nacía en Arroyo Seco, provincia de Santa Fe, un día como hoy, Guillermo Furlong, el padre jesuita del que mucho no trascendió, a pesar de haber sido el responsable de rescatar documentos imprescindibles de la historia rioplatense y santafesina. Sus libros son una fuente invaluable y riquísima de testimonios y relatos que nos habla de la cultura jesuita, de la dominación española, de los mocovíes en Santa Fe y de los abipones del Chaco. Furlong vivió en Rosario y falleció en Buenos Aires, siendo miembro de la Academia Nacional de Historia.
Vamos ahora a Manuel Belgrano que nació en Buenos Aires y tuvo su más sublime inspiración de soberanía en el Rosario cuando creó la Bandera nacional en las riberas del caudaloso río Paraná al que algunos llaman, dolorosamente, autopista fluvial o hidrovía. Parece que ninguno de los que firmaron los últimos “acuerdos” leyeron a Belgrano cuando afirmaba: “Toda Nación que deja hacer por otras una navegación que podría emprender por ella misma, disminuye sus fuerzas reales y relativas a favor de sus rivales”.
Belgrano murió a las 7.30 de la mañana del 20 de junio en un caótico 1820, que pasó a la historia como “el día de los tres gobernadores”, defendiendo con vehemencia “fomentar la agricultura, animar la industria, proteger el comercio”. Sostenía especialmente aquella premisa que decía que “todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse” y que debe ponerse el mayor empeño en conseguir, “no sólo darle nueva forma, sino aún atraer las del extranjero para ejecutar lo mismo y después vendérsela”. Tal vez si lo hubieran estudiado un poco los funcionarios que ocuparon el poder gubernamental no hubiésemos caído tanto por el embudo de la dependencia que provocó semejante industricidio y esta fenomenal pérdida de puestos de trabajo.
“Gobernar es dar trabajo” dijo, en 1971, Juan Domingo Perón en el documental dirigido por Pino Solanas y Octavio Getino, y alguien, creativamente, le agregó: “Lo demás es puro cuento”.
En tiempos de Inteligencia Artificial suena, cuanto menos extraño, lo pronunciado 55 años atrás. Y si bien los tiempos han cambiado, sigue siendo una verdad universal indiscutible.
Volviendo a Belgrano, y girando la manivela del tiempo 232 años atrás, es absolutamente innovador y revolucionario saber que ya, en 1794, siendo secretario del Real Consulado de los Buenos Ayres, promovía la educación laica, universal y gratuita, mucho antes que naciera, 17 años después, el “padre del aula, Sarmiento inmortal”.
O que fue un pionero del feminismo defendiendo los derechos y poniendo en valor el rol de la mujer al interpelar a sus pares a través del Correo de Comercio: «La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y a presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desarrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos? ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden? Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie; y es tiempo ya de que se arbitren los medios de desviar un tan grave daño si se quiere que las buenas costumbres sean generales y uniformes». ¿Sorprendería considerarlo un apasionado ecologista al saber que fue quien más defendió la tierra, no por su costo, sino por su valor patrimonial?
Patria, Patrimonio, Padre, Papá, palabras todas con una misma raíz que están marcado un origen. Con la misma fuerza que defendió los pueblos originarios, y luego de redactar el Reglamento para el Régimen Político y Administrativo y la Reforma de los Treinta Pueblos de las Misiones donde se los habilitó para todos los empleos civiles, militares y eclesiásticos, además de cederles gratuitamente “a los naturales, las propiedades de las suertes de la tierra”, en 1816, propuso al Congreso de Tucumán la constitución de una monarquía inca, en la figura de Juan Bautista Tupac Amarú. Apoyado por José de San Martín, Martín Miguel de Güemes y otros diputados de las provincias unidas del sur, la propuesta fue rechazada por los porteños que pretendían mantener incólume la centralidad de Buenos Aires. ¿Le suena?
Tal vez por esa “porteñalidad”, el Día de la Soberanía Nacional se haya estipulado el 20 de Noviembre, recordando el año 1845 cuando el general Lucio V. Mansilla tuvo que replegar sus 24 barcazas encadenadas unas a otras en San Pedro, durante la Vuelta de Obligado, y no el 4 de Junio, día en el que la flota patriota venció a la poderosa armada anglo francesa en el Combate de la Angostura de Punta Quebracho. ¿Para pensarlo, verdad? ¡Y reclamarlo, como se hizo en el Encuentro Federal de la Soberanía!
Como también debiéramos reclamar el 27 de Febrero como el genuino Día de la Bandera, porque fue en esa fecha cuando se enarboló por primera vez en la alta ribera de las ceibas, en 1812, y no el 20 de junio de 1820, que fue cuando murió su creador. Un reel ejecutado con IA muestra cómo un conocido historiador reprende a alguien porque cae con pastelitos y espíritu festivo al velorio. De este video participan, jocosamente, los avatares de la diva casi centenaria de los almuerzos, la líder chaqueña del ARI y la nona que siempre visitaba a la blonda modelo del aviso de jabón que prometía un shock de frescura.
Recordar a Manuel Belgrano en el día de su Paso a la Posteridad es meritorio y necesario, pero supeditar la fecha rosarina que nos dio identidad y soberanía cuando se creó, bendijo y juró la Bandera en el Rosario, es hacer con el prócer un injusto 2 x 1, y faltar a la verdad histórica. Después de todo, como diría Belgrano, “a quien procede con honradez, nada debe alterarle”.
De paso nos alejaríamos un poco de esa cultura necrofílica de recordar las muertes o hacer propias celebraciones extranjeras, como por ejemplo, la del Día del Padre, que nació en 1908 cuando Sonora Smart Dodd de Spokane, en Whashington, Estados Unidos, propuso celebrar un día especial para honrar a su padre, William Jackson Smart, quien habría criado solo a sus seis hijos tras la muerte de su esposa. Tanto el presidente Johnson, en 1966, como Nixon en 1972, establecieron que fuera el tercer domingo de junio y hasta aquí llegó la moda.
Evidentemente ya la colonización no se daba por las armas. Y se introduce con Hallowen, para opacar el Día de Todos los Santos, o con un Santa Claus que “fagocitó” al Niñito Dios de la infancia de muchos de nosotros, que nos hacía vivir una fiesta de reflexión y unidad espiritual en familia y no un pantagruélico encuentro para comer y beber hasta el hartazgo, los que pudieran hacerlo, claro.
Tal vez, como sugiere el presidente del Instituto Belgraniano de Rosario, doctor Jorge Tomasini Freyre, debiéramos imitar a la provincia de Mendoza que celebra el Día del Padre cuando se cumple el aniversario de nacimiento de Mercedes Tomasa San Martín y Escalada, la única hija que José Francisco de San Martín tuvo con la joven Remedios. El Padre de la Patria le escribió a su hija, 201 años atrás, doce famosas máximas. 1) Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aún con los insectos que nos perjudican. 2) Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira, 3) Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto. 4) Estimular en Mercedes la caridad a los pobres. 5) Respeto hacia la propiedad ajena. 6) Acostumbrarla a guardar un secreto. 7) Inspirarle sentimiento de respeto hacia todas las religiones. 8) Dulzura con los criados, pobres y viejos. 9) Que hable poco y lo preciso. 10) Acostumbrarla a estar formal en la mesa. 11) Amar el aseo y desprecio al lujo. 12) Inspirarla por el Amor a la Patria y la libertad.
Y hablando de máximas, no podemos terminar este capítulo de Rosario Sin Secretos sin agradecerle profundamente a la joven Máxima Morand Berrios quien tomó la fotografía que aparece en la portada de este capítulo de Rosario Sin Secretos, durante el pintoresco y multitudinario acto realizado el pasado 19, en el marco de los habituales encuentros que congregan, cada viernes, a cientos de personas para firmar y manifestar su apoyo en defensa de los adultos mayores, en la tradicional esquina de peatonal Córdoba y Corrientes.
Hubo chocolate, bizcochuelo casero y tortas fritas. Grupos Teatrales a cargo de Cristian Molina, el talentoso y polifacético músico Sebastián Morales, bailarines folclóricos del taller de AEC; Sandra Acuña, Diana Bellizi y el profesor Andrés Guzmán, de la Peña de los Lunes que dirige Daniel Tolosa; Miguel Saldaña y Alicia del Tajamar del Ballet Rincones de mi Patria, que bailaron dos emotivas piezas folclóricas dedicadas a Manuel Belgrano y hasta al consagrado tenor Cristian Jure, ahijado artístico de María Martha Serra Lima, dijeron presente, e hicieron las delicias de los más de 500 asistentes, en un escenario al ras de la peatonal gloriosamente “iluminado” con los colores celeste y blanco.
No faltaron ni “Manuel Belgrano”, en la piel de Daniel Naporichi, ni Mauricio Morand como “San Martín”, dándoles “vida” a quienes dieron la vida por nosotros. Muchísima gente, en especial, los jóvenes, los paraban por calle Corrientes para sacarse selfies con ellos. Una verdadera tertulia patriótica tan luminosa como el febo que asomó.
La foto de portada de Máxima, también capta una cámara de frente haciendo una captura instantánea, y muestra la personificación de “María Catalina Echevarría de Vidal”, aunque algunos sostuvieron que daba más la imagen de la Patria o de la Virgen María del Rosario, abrazando y cobijando la Bandera nacional, en este histórico Banderazo por las Personas Mayores que, una vez más, la Providencia dijo presente, al coincidir con la fecha de nacimiento de José Gervasio de Artigas, el impulsor de la Liga de los Pueblos Libres, que desde principios del 1800 ya soñaba con esa Patria Grande y con los grandes, haciendo Patria.

