La comunidad católica de Presidencia Roque Sáenz Peña vive días de profunda expectativa y emoción. El próximo viernes 10 de abril, Nicolás Agustín Chaicovsky será ordenado sacerdote en la Catedral San Roque, en una ceremonia que comenzará a las 19 horas y será presidida por Monseñor Hugo Barbaro. En la misma celebración también recibirá la ordenación Francisco Cáceres.
Agustín, joven oriundo de la ciudad, no solo ha transitado el camino vocacional dentro de la Iglesia, sino que también cuenta con una sólida formación académica: es profesor para el Nivel Secundario en Ciencias Políticas, título obtenido en el Instituto Don Orione (UEGP N° 55). Según él mismo reconoce, esa etapa de su vida hoy se integra plenamente a su misión pastoral como diácono.
“Ya pasaron más de seis meses desde mi ordenación diaconal. Me siento profundamente agradecido por todo lo que el Señor me ha permitido vivir en este tiempo. Ha sido una experiencia intensa”, expresó al recordar su ordenación como diácono transitorio, el 19 de septiembre de 2025.
Su vocación comenzó a gestarse años atrás, en la parroquia San Cayetano, donde, según relata, experimentó un llamado profundo: “Delante de Jesús en el Sagrario sentía que el Señor me invitaba a algo distinto, a un proyecto de vida diferente, una entrega total a Dios y al servicio de la Iglesia”.
Tras ingresar al seminario en 2019, inició un proceso formativo que incluyó estudios de Filosofía y Teología, estos últimos realizados en Roma. “Fue una etapa clave. No siempre fue fácil, pero me ayudó a profundizar en la búsqueda de la verdad, en el mundo y en Dios”, señaló.
Actualmente, presta servicio en la parroquia San José Obrero, donde desarrolla tareas pastorales junto al párroco. Allí acompaña a grupos de catequesis, trabaja con jóvenes y colabora en la formación litúrgica de la comunidad. “Es una experiencia muy rica, aunque también desafiante. A veces se siente el cansancio o la impotencia ante tantas necesidades, pero trato de poner todo en manos del Señor”, confió.
La ordenación sacerdotal representa el paso definitivo en su vocación dentro de la Iglesia Católica. A partir de ese momento, podrá celebrar la misa, administrar sacramentos como la confesión y la unción de los enfermos, y asumir plenamente su rol como guía espiritual.
Mientras tanto, la diócesis se encuentra en preparación con jornadas de oración y catequesis. Agustín, por su parte, atraviesa este tiempo con serenidad: “Me preparo con seriedad, confianza y mucha paz. Elegí como lema ‘Apacienta mis ovejas’, una frase que he meditado profundamente durante mi diaconado”.
La ceremonia del 10 de abril no solo marcará un hito en la vida de Agustín, sino también en la comunidad que lo vio crecer, que ahora lo acompañará en este nuevo camino de entrega y servicio.

