La muerte de Garrafa, un perro comunitario que formaba parte de la vida cotidiana de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), generó una fuerte conmoción e indignación en Santa Fe. El animal murió tras ser atacado por un pitbull que circulaba sin medidas de seguridad, lo que derivó en la intervención del municipio, una denuncia penal contra el dueño del perro agresor y una movilización de estudiantes y vecinos para exigir justicia. Este viernes la comunidad universitaria, vecinos y organización animalistas se concentrarán para pedir justicia.
El ataque ocurrió en la Ciudad Universitaria cuando el pitbull, que no llevaba correa ni bozal, atacó a Garrafa y le provocó heridas mortales. A raíz del hecho, se multiplicaron las denuncias vecinales y se activaron los protocolos municipales correspondientes.
En ese marco, el Instituto Municipal de Salud Animal (IMUSA) intervino tras una denuncia ingresada por la línea 0800. Personal del organismo y agentes de control se presentaron en el domicilio del tutor del perro agresor, donde labraron un acta de infracción.
Según informó el municipio, el animal no estaba registrado, no tenía la vacuna antirrábica anual al día y circulaba en incumplimiento de la ordenanza vigente sobre tenencia responsable.
En este contexto, se radicó una denuncia penal que quedó a cargo de la fiscal María Laura Martí, mientras que el proceso administrativo continuará en el Tribunal de Faltas, que deberá definir las sanciones correspondientes.
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Por su parte, Pablo Ortiz, director del IMUSA calificó el hecho como una situación de “clara negligencia” y sostuvo que “esto se pudo haber evitado”. Agregó “cuando no se cumplen las reglas básicas, hay responsabilidad y debe haber sanción”, afirmó en declaraciones radiales.
Por otro lado, el caso provocó una fuerte reacción en la comunidad universitaria. Estudiantes, centros de estudiantes y vecinos convocaron para este viernes 6 de febrero a una concentración en la Ciudad Universitaria. Según explicaron los organizadores, no se trata de una marcha, sino de un espacio de encuentro para visibilizar el reclamo bajo una consigna común: “Porque no fue un perro más. Porque Garrafa importa”.
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Garrafa, también conocido como Morcilla o Kechu, era un perro mestizo negro que habitaba el predio universitario y era cuidado y alimentado por estudiantes y personal no docente.
En 2024, incluso, un estudiante le había creado una cuenta de Instagram, que hoy funciona como un registro audiovisual de su paso por la universidad.
Tras el ataque, el dueño del pitbull fue identificado y denunciado penalmente, además de quedar expuesto a escraches en redes sociales. Según testigos, el hombre ya había protagonizado episodios previos de conducta irresponsable con sus animales, lo que profundizó la indignación social y reavivó el debate sobre la tenencia responsable de mascotas y el cumplimiento de las normas de convivencia en el espacio público.

