El tipo de piso en una vivienda puede determinar la salud y el futuro educativo de los niños. En Argentina, más de 300 mil familias viven con un piso de tierra, lo que afecta de manera particular a las infancias comprometiendo su educación, salud y proceso mental.
Un estudio regional realizado por la ONG, Hábitat para la Humanidad comprueba que los pisos de tierra incrementan el riesgo de enfermedades respiratorias, parasitosis y afectan el rendimiento escolar y el desarrollo cognitivo infantil.
Jugar en el hogar sobre suelo firme favorece el desarrollo, emocional, social y físico en la infancia y reduce el ausentismo y la deserción escolar, según estudio de la ONG. Los primeros años pueden determinar las condiciones físicas y psicológicas que acompañaran a una persona por el resto de su vida, según la hipótesis que desarrolla la presentación. Agrega además, que la construcción de sociedades más justas requiera poner especial atención en el desarrollo cognitivo infantil.
El caso de Bruno
Por ejemplo, Bruno, un niño de Tigre que jugaba con la tierra de su casa, padecía de asma e infecciones dermatológicas -forúnculos-, condicionado por la falta de higiene y el contacto constante con tierra en su entorno. Lejos de ser el de este niño un caso aislado, una de cada tres familias del país reside en una vivienda inadecuada, lo que expone una evidente crisis habitacional, según reveló el trabajo de organizaciones sociales vinculadas a la problemática.
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El análisis llevado a cabo por Fundación Vivienda Digna, Techo, Mujeres 2000, Módulo Sanitario y Hábitat para la Humanidad Argentina puntualizó que “las consecuencias son profundas: viviendas precarias, hacinamiento, falta de acceso a agua potable, baños inadecuados, electricidad segura, y una vulneración constante de los derechos humanos básicos”. En este sentido, alertaron que esta realidad impacta directamente en la salud, la educación, la seguridad y el desarrollo de millones de personas.
Consecuencias por precariedad habitacional
Según el Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap), son más de 5 millones de personas las que viven en barrios populares, mientras que 6 millones no tienen baño en Argentina (Censo Nacional) y más de 1 millón viven en condiciones de hacinamiento crítico (EPH – Indec).
De acuerdo con un estudio dado a conocer por la ONG Hábitat para la Humanidad Argentina, cambiar los pisos de tierra por pisos de cemento tiene consecuencias inmediatas. Un piso de cemento puede aumentar un 80% las horas de juego, el equivalente a dos horas más por día.
El juego en el hogar favorece el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico de las infancias. A su vez, baja el ausentismo escolar en un 15% y mejora el desempeño ya que los niños se enferman menos y de este modo cuentan con un espacio adecuado para estudiar y hacer sus tareas. Esta última instancia, podría repercutir en la baja de la deserción escolar ya que, según un informe del Banco Mundial, la población vulnerable tiene menores tasas de asistencia a la educación temprana y mayor abandono escolar.
En términos sanitarios, según el suelo, las infecciones parasitarias disminuyen un 78% y las anemias un 81%. Esto tiene un correlato económico al reducir hasta en un 79% los gastos médicos de una familia.

