Aunque el tránsito del amateurismo al profesionalismo haya sido casi una formalidad, pues el pago a los futbolistas fue anterior a 1931, hubo varios jugadores que no resistieron el cambio de etapa. El que se adaptó sin inconvenientes fue Roberto Cherro, el primer gran artillero de la historia de Boca Juniors, de cuya aparición en Primera División se cumple un siglo.
Bautizado como El Apilador y Cabecita de Oro, por su llamativa facilidad para eludir rivales y su notable juego aéreo, Cherro (Cerro era su apellido original) tuvo un resonante estreno en el certamen de 1926. Boca se consagró campeón invicto aquel año, con 15 triunfos en 17 fechas, y Roberto estableció una asombrosa marca de 22 tantos en 20 partidos. Fue el goleador de la temporada, logro que repitió en 1928 y 1930.
Cherro, una figura de los años 20 y 30
Roberto Eugenio Cherro, nacido el 23 de febrero de 1907 en Buenos Aires, fue el máximo goleador xeneize de todos los tiempos hasta 2010, cuando Martín Palermo lo relegó al segundo puesto. Cabecita de Oro se formó en las divisiones inferiores de Sportivo Barracas. Llegó a un Boca que ya había alcanzado dimensión masiva, después de la épica gira de 1925 por el continente europeo.

Domingo Tarasconi y Julio Bisio eran las referencias ofensivas de aquel equipo xeneize. Cherro aumentó el poder de fuego. Entre los tres convirtieron 48 de los 67 goles del campeón. Roberto debutó en la red con un doblete a El Porvenir, para una contundente victoria por 5-0. Llegó a anotar cinco en una misma tarde, cuando Boca apabulló 9-0 a Porteño.
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Su altísimo nivel y su capacidad de desequilibrio proyectaron a Cherro a la Selección Argentina, en una época de notables cracks. Integró los planteles del subcampeón olímpico en Ámsterdam 1928 y del subcampeón mundial en Uruguay 1930. Sumó 16 presencias y 12 gritos con la celeste y blanca. Cuatro se los metió a Uruguay, verdugo en aquellas finales que él no pudo jugar. Ocurrió el 5 de febrero de 1933, en el estadio de Independiente.
Un Boca demoledor, con Roberto Cherro como figura
Ya en el período profesional, Cherro formó un temible tridente de ataque junto al paraguayo Delfín Benítez Cáceres (alias El Machetero) y el platense Francisco Antonio Varallo (Cañoncito o Pancho). Boca fue campeón en 1931, 1934 y 1935. En 1932 se ubicó cuarto y en 1933 ocupó el segundo lugar.
En el certamen de 1934, único de la historia disputado a tres ruedas, el Xeneize se consagró con un punto de ventaja sobre Independiente y una impresionante cosecha de 101 goles a favor. Cherro (22) fue el máximo romperredes, escoltado por Benítez Cáceres (20) y Varallo (18). Entre los tres aportaron alrededor de un 60% de las conquistas.

Con problemas por su tendencia a engordar y algunas lesiones no tan sencillas de recuperar como hoy, Cherro dejó el fútbol en 1938. En su legajo con la camiseta azul y oro se contabilizaban 223 goles en 305 encuentros, todos de titular, con un destacadísimo registro de 0.73 tantos por partido y un dato que realza sus números: ¡no pateaba penales!
Vélez Sarsfield, Tigre y Quilmes (13 a cada uno) fueron sus principales víctimas. Al Cervecero se los convirtió en 11 choques. La última vez que lo enfrentó fue en 1937 y Boca se impuso 7-3 con tres de Roberto, el segundo y el tercero en los minutos finales.
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Ya retirado, hizo incursiones en medios radiales. Allí aportó la experiencia acumulada en las canchas para realizar comentarios de los partidos. Siempre cerca de Boca y solidario con quienes habían sido sus compañeros, fue presidente de la Mutual de Ex Jugadores del club desde 1946 hasta 1950 y desde 1954 hasta su fallecimiento en 1965.
De Cherro volvió a hablarse en la primera década de este siglo, cuando Palermo lo desplazó de un lugar que había ocupado en exclusividad, por mérito propio, durante más de siete décadas.

