La Iglesia en Argentina convocó a reflexionar sobre la situación de los adultos mayores y a fortalecer los vínculos con quienes atraviesan la vejez en soledad. En el marco de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, que se celebra este domingo 26 de julio bajo el lema «Yo no te olvidaré», la pastoral destacó que muchos abuelos viven una realidad marcada por el aislamiento, incluso cuando cuentan con familiares cercanos.
“Suelo estar muy solos, aun teniendo familia”, es una de las principales preocupaciones planteadas por quienes trabajan en la pastoral de adultos mayores. Según explicó María Elisa Petrelli, responsable del área de Adultos Mayores del Secretariado para la Pastoral Familiar de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia (Cevilaf), existen diversos factores que explican esta situación.
Por un lado, señaló que muchos hijos y familiares tienen jornadas laborales extensas y sus propias responsabilidades, lo que reduce el tiempo disponible para acompañar a los mayores. Además, indicó que algunos ancianos sienten que son una carga y evitan pedir ayuda, incluso cuando la necesitan.
A esta realidad se suman las dificultades económicas y la brecha digital. Desde la pastoral remarcaron que la obligación de realizar trámites médicos, bancarios y administrativos de manera virtual deja a muchos adultos mayores sin herramientas para acceder a servicios básicos. Asimismo, advirtieron que las jubilaciones insuficientes afectan tanto la calidad de vida como el bienestar emocional de este sector.
El arzobispo emérito de Corrientes y miembro de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Andrés Stanovnik, sostuvo que el desafío actual es cambiar la forma en que la Iglesia acompaña a los adultos mayores.
En ese sentido, planteó la necesidad de pasar de una pastoral “para” los mayores a una pastoral “con” ellos, reconociéndolos como protagonistas de la vida comunitaria. “No son solo destinatarios del cuidado pastoral, sino protagonistas de la misión, con una palabra, una memoria y una fe que la Iglesia necesita escuchar”, afirmó.
Además, destacó la importancia de fortalecer tres acciones: escuchar, integrar y enviar. Según explicó, el objetivo no debe limitarse a asistir o visitar a los ancianos, sino también generar espacios donde puedan aportar sus experiencias y asumir responsabilidades dentro de la comunidad.
Para Stanovnik, los adultos mayores son “misioneros de la esperanza” y cumplen un papel fundamental en la transmisión de la fe y en la construcción de una cultura del encuentro.
Con motivo de la celebración del 26 de julio, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida del Vaticano propuso dos gestos centrales: la realización de una misa dedicada a los ancianos y la visita a personas mayores que viven solas.
El organismo pidió que esas visitas alcancen también a quienes viven en residencias para adultos mayores y que no se limiten a espacios comunes, sino que lleguen a cada persona en su habitación. La iniciativa busca transmitir un mensaje de cercanía y acompañamiento.
Además, se invitó a los jóvenes a participar mediante visitas a sus familiares mayores y a aquellos que no cuentan con redes de apoyo. También se propuso destinar las colectas de las celebraciones religiosas a proyectos de ayuda para ancianos en situación de vulnerabilidad.
Desde el área de Adultos Mayores del Secretariado Cevilaf impulsan un programa de sustentabilidad intergeneracional y una jornada de espiritualidad para jubilados basada en las enseñanzas del papa Francisco. También distribuyeron material pastoral a diócesis y movimientos de todo el país para acompañar las actividades.
Finalmente, la Iglesia recordó que esta jornada no debe ser un hecho aislado, sino una oportunidad para promover una atención permanente hacia los adultos mayores. La propuesta apunta a que el acompañamiento forme parte de la vida cotidiana mediante la escucha, la cercanía y el reconocimiento del valor de quienes transitan la vejez.
La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores se celebra cada cuarto domingo de julio, cerca de la festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús. Este año, bajo el lema «Yo no te olvidaré», la Iglesia busca reforzar el compromiso de acompañar y valorar a las generaciones mayores.

