Según un informe de la Secretaría de Trabajo de la Nación, una de cada seis empresas registradas en Argentina redujo su cantidad de empleados durante el cuarto trimestre de 2025, en un contexto de ajuste recesivo que también impactó en la creación de nuevas firmas. En ese período, el empleo asalariado registrado privado cayó en 50.000 puestos, mientras que la cantidad de empresas empleadoras se redujo en unas 6.200.
El relevamiento oficial detectó que el 16,9% de las empresas disminuyó su dotación de personal durante el período analizado. Además, la cantidad total de empresas empleadoras cayó un 1,1%, mientras que el empleo privado registrado se redujo un 0,8% respecto del trimestre anterior.
Sin embargo, el informe destacó que la mayor parte de la pérdida de puestos de trabajo no estuvo directamente vinculada con el cierre de empresas. Por el contrario, ocho de cada diez empleos destruidos correspondieron a empresas que continuaron operando, pero decidieron reducir sus plantillas.
Para analizar la dinámica empresarial, la Secretaría de Trabajo distinguió entre las firmas que comenzaron a operar con trabajadores, las que aumentaron sus plantillas, las que cerraron, las que continuaron funcionando pero redujeron su dotación y aquellas que mantuvieron estable su cantidad de empleados.
En ese contexto, las empresas que redujeron su personal fueron responsables del 79% de los puestos de trabajo perdidos durante el trimestre.
En términos generales, las firmas que destruyeron empleo recortaron alrededor de 295.000 puestos, mientras que aquellas que incorporaron trabajadores generaron aproximadamente 254.000 nuevos empleos.
De esta manera, el saldo neto de la pérdida de puestos alcanzó los 50.000 empleos. No obstante, solo unos 11.000 se explican por el saldo entre la apertura y el cierre de empresas. Los 39.000 restantes, equivalentes al 79% del total, correspondieron a firmas que continuaron funcionando, pero redujeron sus dotaciones.
Por eso, la Secretaría de Trabajo sostuvo que la contracción neta de la cantidad de empresas explicó apenas una quinta parte de la caída total del empleo durante el trimestre.
Por otro lado, el informe puso el foco en la baja creación de nuevas empresas. La tasa de apertura se ubicó en el 2,5% durante el cuarto trimestre de 2025, uno de los niveles más bajos de toda la serie estadística disponible.
Según consultoras privadas citadas en el informe, se trata del nivel más bajo desde 2002, con la única excepción del período de restricciones impuesto durante la pandemia.
En cambio, la tasa de cierre de empresas se ubicó en el 3,7%, un porcentaje considerado similar al promedio registrado entre 2007 y 2019.
A partir de estos datos, el Gobierno sostuvo que la reducción del entramado empresarial se explica principalmente por el bajo volumen de nuevas aperturas y no por un aumento extraordinario de los cierres.
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En este sentido, la Secretaría de Trabajo consideró que no existen evidencias de un cambio estructural en las tendencias del empleo ni en la dinámica empresarial hasta el cuarto trimestre de 2025.
El organismo comparó la evolución de las tasas de apertura y cierre desde 1996 y concluyó que el porcentaje de empresas que dejaron de tener trabajadores registrados se mantuvo en niveles similares a los observados durante otros períodos.
Por lo tanto, la principal diferencia estaría en la falta de nuevos emprendimientos. Mientras la tasa de cierres se mantuvo dentro de parámetros considerados habituales, la creación de nuevas empresas cayó a uno de sus niveles más bajos de las últimas décadas.
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Desde la consultora C-P señalaron, en base a los mismos datos oficiales, que la tasa de apertura de nuevas empresas es la más baja desde 2002, dejando de lado el período de la pandemia.
En esa línea, el centro de estudios sostuvo que el escenario no responde a un cambio estructural, sino a un proceso de ajuste recesivo en el que se reducen tanto la cantidad de empresas como los niveles de empleo.
Además, el informe oficial concluyó que la actual contracción del entramado empresarial argentino está impulsada principalmente por la escasez de nuevas firmas y por la reducción de personal en empresas que continúan activas, más que por un aumento extraordinario de los cierres.

