En la Bienal Internacional de Esculturas todo gira alrededor del arte. Los martillos neum谩ticos no se detienen, el polvo del m谩rmol flota en el aire y los escultores trabajan contra el reloj para transformar enormes bloques de piedra en obras que pasar谩n a formar parte del patrimonio art铆stico de Resistencia.
Sin embargo, este lunes, en el tercer d铆a del certamen, el protagonista no fue una escultura.
No llevaba credencial ni integraba la organizaci贸n. Simplemente apareci贸 caminando entre los visitantes, recorri贸 el predio con absoluta tranquilidad y, ajeno al ruido de las herramientas y al movimiento constante de personas, pareci贸 saber exactamente hacia d贸nde dirigirse.
Con paso sereno lleg贸 hasta el espacio de trabajo de uno de los escultores internacionales. Esper贸 unos instantes y, con total naturalidad, trep贸 sobre el bloque de m谩rmol donde el artista daba forma a su obra.
El escultor interrumpi贸 el trabajo por unos segundos y sonri贸.
Lejos de asustarse por el estruendo del martillo neum谩tico, el perro permaneci贸 inm贸vil observando cada movimiento. Despu茅s levant贸 la cabeza y le dio un cari帽oso beso al artista, regalando una escena tan espont谩nea como emotiva que despert贸 aplausos, sonrisas y decenas de celulares registrando el momento.
Durante varios minutos permaneci贸 junto al escultor, como si fuera un asistente m谩s del taller a cielo abierto. Familias, turistas y vecinos se acercaban para fotografiarlo, mientras 茅l segu铆a disfrutando del lugar con absoluta calma.
En una Bienal donde el m谩rmol suele acaparar todas las miradas, por unos minutos el centro de atenci贸n fue ese perro callejero que, sin propon茅rselo, resumi贸 el esp铆ritu del evento: un espacio abierto donde el arte convive con la ciudad, con su gente y tambi茅n con los animales que forman parte de ella.
Fuente: chacoahora.com

