Si el solo hecho de ser compatriota de Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi ya es motivo de orgullo, si haberlos visto jugar en vivo da credenciales de hincha experto, compartir una cancha con ellos es un lujo exclusivo, un privilegio reservado a muy poca gente en todo el planeta. Eso puede decir con orgullo Rodolfo Arruabarrena.
El Vasco Arruabarrena, quien acaba de comenzar este jueves un nuevo ciclo como director técnico de Boca, es miembro de una selecta nómina de elegidos junto a dos actuales presidentes de clubes, Juan Román Riquelme y Juan Sebastián Verón; el goleador Martín Palermo, el arquero Roberto Abbondanzieri y el mediocampista Cristian González.

En el súper álbum de las figuritas de los Mundiales, hay páginas de honor para Maradona y Messi. Cualquier ranking medianamente serio los ubica entre los cinco futbolistas más grandes de todos los tiempos. El brasileño Pelé les discute un lugar en el podio.
El alemán Franz Beckenbauer, el holandés Johan Cruyff y tal vez el francés Kyllian Mbappé sean los otros postulantes a ese imaginario Top 5 histórico. Por eso, poder decir “yo jugué con Maradona y Messi” es suficiente para merecer respeto en cualquier foro futbolero.
Arruabarrena, el lateral formado en la cantera de Boca
El Vasco Arruabarrena debutó a los 20 años en la Primera de Boca. Fue promovido en el cierre del segundo período como DT xeneize de Silvio Marzolini, marcador lateral izquierdo como él, quien lo había conocido durante su gestión como coordinador de las divisiones inferiores.
Habitual suplente en la segunda mitad de los 90, Arruabarrena fue cedido a préstamo a Rosario Central. Volvió por pedido de Héctor Rodolfo Veira y estuvo como titular en el segundo retorno de Maradona con la camiseta azul y oro, el domingo 13 de julio de 1997, una semana antes de cumplir 22.

Aquella noche el equipo dirigido por el Bambino, quien siempre destacó la garra y el despliegue de Rodolfo, venció por 3-2 a Racing en la Bombonera. Sebastián Pascual Rambert (dos) y Néstor Ariel Fabbri convirtieron para Boca. Nacho González, de penal, y el Chelo Delgado anotaron para los visitantes. Ese partido, sin duda, sobresale como el de memoria más grata entre los 12 que Arruabarrena tuvo a Maradona como compañero.
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Con Carlos Bianchi como entrenador y ya sin Diego en el plantel, Arruabarrena se consolidó como pieza infaltable en una defensa que se recitaba de memoria: Oscar Córdoba, Hugo Ibarra, Jorge Bermúdez, Walter Samuel y el Vasco, quien además de solidez en la marca aportaba una interesante cuota ofensiva. Es inolvidable su doblete ante Palmeiras en la ida por la final de Copa Libertadores 2000.
El paso de Rodolfo Arruabarrena por la Selección
Rodolfo se despidió ese año de Boca y continuó su carrera en el Villarreal de España, donde otra vez compartió campo y vestuario con Román, Martín y su amigo Diego Cagna. Con el Submarino Amarillo protagonizó la gran campaña de Champions en 2006, cuando el Arsenal inglés los eliminó en semifinales.
Al cabo de una larga experiencia en Europa, que incluyó también un paso por el AEK de Grecia, fue convocado por Alfio Basile en 2006 y 2007 para jugar sendos amistosos contra dos de las principales formaciones europeas.

Frente a los españoles (derrota por 2-1, gol de Daniel Bilos) jugó los 90 minutos y ante los franceses permaneció en el banco, como suplente de Gabriel Heinze. Aquella fue su despedida de la Selección Argentina, antes de volver al país para vestir la casaca de Tigre. Leo Messi, un pibe entonces resistido por el ambiente futbolero de nuestro país pese a sus destacadas performances en Barcelona, estuvo presente en el primero de esos dos encuentros.
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Es un dato bastante poco recordado que el Vasco se retiró en la Universidad Católica de Chile. Sí, verdugo xeneize en esta Copa Libertadores y causante de la salida de Claudio Fernando Úbeda de un banco que se ha caracterizado, en esta década, por la inestabilidad de todos sus ocupantes.

