A un año del fallecimiento de Jorge Bergoglio, ocurrido el 21 de abril de 2025, la Iglesia en América Latina y el Caribe mantiene viva la memoria de un pontificado que transformó su identidad y continúa orientando el presente y el futuro de su misión evangelizadora.
El legado de Francisco sigue siendo destacado por organismos como el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), que subraya su compromiso con los más vulnerables y su llamado a vivir el Evangelio con alegría, coraje y cercanía. En ese sentido, su pontificado dejó una huella profunda al colocar a los pobres en el centro de la acción pastoral.
Por otro lado, la elección en 2013 marcó un punto de inflexión en la historia de la Iglesia. Proveniente de Buenos Aires y miembro de la Compañía de Jesús, fue el primer Papa latinoamericano. Desde el inicio, imprimió un estilo cercano y humilde, inspirado en la figura de San Francisco de Asís y en la necesidad de una Iglesia “en salida”.
Asimismo, uno de los ejes centrales de su pontificado fue la construcción de una Iglesia sinodal, basada en el diálogo, la participación y la escucha. Durante encuentros clave en Río de Janeiro y Colombia, insistió en la importancia de superar el clericalismo y promover el protagonismo de laicos, mujeres y jóvenes.
En ese marco, su mirada sobre la región también incluyó un fuerte compromiso con el ambiente y los pueblos originarios. La visita a Puerto Maldonado y el posterior Sínodo Amazónico impulsaron una Iglesia con “rostro amazónico”, enfocada en la justicia social y el cuidado de la “casa común”.
Por otra parte, su voz tuvo un fuerte contenido profético frente a las problemáticas sociales de América Latina. Denunció la desigualdad, la corrupción y la violencia, al tiempo que promovió la cultura del encuentro y la paz, incluso en escenarios internacionales complejos.
A un año de su partida, distintos referentes eclesiales coinciden en que su legado sigue vigente. La Iglesia, hoy bajo el liderazgo de León XIV, continúa retomando sus enseñanzas y proyectándolas hacia el futuro.La figura de Francisco permanece como un faro espiritual y un llamado constante a construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria.

