Lo que comenzó esta mañana como una cobertura periodística sobre las consecuencias de las intensas lluvias en Dock Sud terminó en un escándalo de inseguridad e impotencia. Un equipo del canal A24, encabezado por el cronista Fabián Rubino, fue víctima de un robo comando mientras realizaba su labor en una de las zonas más castigadas por el temporal.
El hecho, que fue registrado parcialmente por las cámaras en vivo, desnudó no solo la audacia de los delincuentes sino la preocupante pasividad de la Policía Bonaerense en ese barrio de Avellaneda.
La secuencia se inició tras finalizar un reporte sobre el anegamiento de las calles. Al regresar al móvil de exteriores, los trabajadores advirtieron que la ventanilla trasera del vehículo había sido estallada. El interior estaba completamente revuelto.

«Se llevaron nuestras pertenencias, equipos y la rueda de auxilio«, detalló Rubino con indignación. Entre el material sustraído figuraban baterías, luces de trabajo y diversos accesorios indispensables para la transmisión.
Dock Sud: robo y periodistas persiguiendo a ladrones
Lejos de amedrentarse, el equipo periodístico decidió intervenir ante la falta de presencia policial inmediata. Al observar a un sospechoso alejándose con una rueda, iniciaron una persecución a pie por el complejo de edificios conocido como «las torres de Dock Sud». Los vecinos, testigos del escape, aportaron datos clave que permitieron a los comunicadores identificar a los presuntos autores.
El momento de mayor tensión se vivió en la calle Irala, cerca de un establecimiento escolar. Allí, Rubino divisó a dos hombres con capuchas que cargaban parte del equipamiento técnico. En medio de una carrera desesperada, el cronista comenzó a gritar mientras intentaba recuperar sus herramientas de trabajo: «¡Vení, loco! ¡Ey! ¡Se llevan el trípode, es increíble! Están con capuchas. ¡Vení acá, chorro! ¡Vení hijo de puta, descartá todo hijo de puta! Lo veo corriendo con mi mochila».
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El punto más crítico de la jornada ocurrió cuando el equipo, tras perder el rastro de los malvivientes, se topó con una garita de seguridad ubicada en el recorrido de fuga. Un agente salió del destacamento recién ante los gritos desesperados del periodista, quien no ocultó su indignación por la falta de reacción ante un hecho que ocurría a pocos metros de sus ojos.
«¡Ey, maestro! ¿No viste a los chorros corriendo? ¡Estamos gritando!», le recriminó Rubino al oficial. El periodista denunció frente a cámara que los asaltantes pasaron frente al puesto policial con la rueda y el trípode a cuestas sin que nadie interviniere.
«La impotencia es tremenda. Pasaron por delante de la garita y estaban los dos oficiales metidos adentro», sentenció el cronista, calificando la situación como un desamparo absoluto.
Cerca de las 9.30, un patrullero de la Bonaerense arribó finalmente al lugar. Los efectivos reconocieron que el sector es de alta peligrosidad, un diagnóstico que los vecinos ya habían adelantado. Una residente de la zona confió al equipo periodístico: «Vi a dos delincuentes con la rueda, pero como veía que tenían actitud sospechosa, me metí en casa».
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Para Rubino, quien lleva 15 años cubriendo la actualidad del AMBA, este episodio marcó un antes y un después en su carrera: «No me ha pasado nunca que me roben, sinceramente. Es la primera vez que me pasa», lamentó mientras enumeraba los objetos personales y laborales que perdió en cuestión de segundos. El caso vuelve a poner bajo la lupa la eficacia de los destacamentos fijos en los barrios críticos y la soledad con la que trabajadores y vecinos enfrentan el delito diario.

