Rosario Central pudo armar su fiesta ideal en Arroyito. Tras un comienzo que amenazó con arruinarle las intenciones, le bastaron algunos raptos de lucidez para primero recuperarse y luego regalarse una alegría muy festejada por el pueblo auriazul, ya que era la confirmación que precisaba para anunciar que, antes del gran desafío copero, quiere ser protagonista en este Torneo Apertura.
El primer tiempo del Canalla, en el reencuentro con su pueblo tras tres fechas, fue realmente preocupante. Absorbido por los flashes de los festejos por la alegría clásica, el equipo de Jorge Almirón desplegó un rendimiento muy por debajo de lo esperado. Casi ni inquietó a un Banfield que pelea el descenso y es de los conjuntos más flojos del campeonato. Bajos niveles individuales y una puesta en escena colectiva futbolística deficiente.
Salvo por un remate de Jaminton Campaz apenas arriba del arco y un intento de Franco Ibarra, Central no tuvo ideas para inquietar a un cómodo Facundo Sanguinetti, que jamás tuvo que revolcarse. El juego no fluyó, se notó la ausencia de Ángel Di Maria, el as de espadas. Lo de Gaspar Duarte y Julián Fernández fue muy flojo, costó entender la posición de ambos en campo, mientras que el colombiano amagó con ser desequilibrante pero se quedó en eso, amagos. Arriba, un Alejo Véliz totalmente desaparecido, desconectado de sus compañeros y como con la cabeza en otro lado.
Así, al Canalla se le hizo tarea imposible generar peligro en área rival. Todo lo hacía a un ritmo lento, pausado, con calma pero sin nadie que rompiera la parsimonia con gambeta y velocidad. Franco Ibarra zafó en el medio con la firmeza y ubicación de siempre, pero faltó mucho más de Vicente Pizarro, de manejo prolijo de balón pero instrascendente en la fase ofensiva, sin la confianza para meter un pase entre líneas que destrabara el orden adversario.
Central estaba en una noche incómoda, y para colmo de males, cuando nada lo hacía pensar, Banfield se encontró con la apertura del marcador. Ignacio Abraham trepó por su sector, Duarte apenas lo molestó, dejándolo tirar el centro con comodidad para la aparición solitaria de Mauro Méndez por el centro que, tras una reacción tardía de Jeremías Ledesma, definió con el pecho para romper la paridad. Sorpresa grande en Arroyito. El elenco auriazul sintió el golpe, careció de reacción y se fue al descanso con varias cosas por mejorar si quería revertir la historia.
En el complemento, el desarrollo fue completamente distinto. El local salió con otra cara, desde lo emocional y la propuesta. De entrada casi lo empate Julián Fernández tras un buen pase en diagonal de Pizarro, lo que tanto se le pedía. Con esa sola acción, el equipo de Arroyito demostró que había vuelto al campo con energía renovada. Si bien los nombres eran los mismos, al cambio radicó una mayor vocación en ataque y decisión, sabiendo de la diferencia de jerarquía entre planteles y obligado por las circunstancias.
Para darle sustento a ese giro futbolístico, quien mejor que Ángel Di Maria como eje del juego. El campeón del mundo ingresó y solo le hicieron falta un par de pinceladas de calidad para no solo transformarse en la figura de la cancha, sino constituirse en el líder de la recuperación de Central. Desde los pies de ‘Fideo’ nació lo más claro en ofensiva y la justifiación principal de lo que vendría.
El Canalla acumuló situaciones de gol en cantidad, empezando a agigantar a Sanguinetti y a hacer méritos como mínimo para empatar el encuentro, y de tanto insistir tuvo premio con un cabezazo contra su arco de Santiago López tras un pase de Di Maria con destino a Campaz. Esta pequeña sociedad tendría mayor protagonismo aún apenas unos minutos despues, pero el cambio de tendencia estaba claro, con un equipo auriazul muy superior a esa altura.
Central fue por todo, envalentonado por la igualdad y con un Di Maria inspirado, y encontró el premio principal con otro pase magistral de ‘Fideo’, esta vez con la precisión exacta para la cabeza de Campaz, quien le ganó la posición a su marcador y conectó la preciosa asistencia con un testazo de pique al suelo para vencer la resistencia de Sanguinetti y desatar el delirio en el Gigante, merecido por la búsqueda irrenunciable en la segunda etapa.
Ya con la ventaja, Almirón, como cada vez que su equipo fue ganando, eligió sostener la mínima diferencia con modificaciones táctias defensivas, algo innecesario teniendo en cuenta las limitaciones del Taladro, que sin embargo se vio invitado de nuevo en la mesa para intentar llevarse algo al Sur bonaerense. Sin embargo, la impericia visitante permitió que el Canalla pudiera abrazarse a una victoria justa por lo hecho en el capítulo final, muy festejada por la gente, que se fue con una sonrisa de oreja a oreja en un sábado por la noche de fiesta.
domingo, abril 19

