Eran otros temas los que nos habían convocado a la reunión, más cercanos a la proximidad del día en el que Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano llegó al Rosario y cruzó el arroyo Saladillo y la antigua estancia y oratorio de la Inmaculada Concepción que poseyera don Luis Romero de Pineda, para convertirnos en la Cuna indiscutida de la Bandera nacional.
Poseedor en su genética del ADN del mismísimo Cosme Maciel, aquel abanderado santafesino que hizo tremolar la celeste y blanca la tarde del 27 de febrero de 1812, enseña que bendijo con profunda unción el párroco de la capilla Nuestra Señora del Rosario, Julián Navarro y que se juró “defender de enemigos interiores y exteriores de la Patria”, el doctor Jorge Tomasini Freyre es hoy presidente del Instituto Belgraniano de Rosario.
Activo colaborador de dos investigadores y coleccionistas de fuste que supieron conservar el patrimonio y la historia viva de la ciudad como fueron Wladimir Mikielievich y Julio Marc, a la sazón, los nombres con los que se han bautizado a dos insignes y queridos museos rosarinos, el de La Ciudad y el Histórico Provincial, Tomasini Freyre es, además de abogado, profesor, historiador, escritor e incansable investigador, un esmeradísimo lector. Entre sus muchos libros, providencialmente sobre su mesa, estaba hoy el fabuloso trabajo de Roberto Colimodio y Julio Romay, “Soldados de San Martín en San Lorenzo, hechos y aspectos inéditos”.
La rápida ojeada a la obra bastó -¡viva la Providencia!- para descubrir una fecha: 4 de febrero de 1813.
Hoy, hace exactamente 213 años llegaba a San Lorenzo, en una carretilla que a duras penas trasladaba su voluminosa contextura, otro Manuel, el protomédico Rodríguez y Sarmiento, padre de casi dos decenas de hijos, a tres de las cuales casó muy bien: nada menos que con tres futuros gobernadores de la provincia de Santa Fe: Estanislao López, Domingo Cullen y Domingo Crespo. ¡Sin dudas que era tan bueno curando como eligiendo yernos!
Si bien las primeras curaciones a la herida del sablazo en la mejilla a José Francisco de San Martín se las prodigó el mismo que un año atrás había bendecido la creación de la Bandera, el cura Julián Navarro, el hombro dislocado que le provocó la caída del caballo al Padre de la Patria, se lo acomodó el especialista en huesos, Manuel Rodríguez y Sarmiento.
Fue precisamente Navarro, -¡qué grande este soldado con sotana!-, quien le escribió al entonces gobernador Antonio Beruti para que mandara la asistencia del “gordo” Rodríguez y Sarmiento, no, obviamente, en estos términos.
Este español, cuya gruesa figura hoy podemos conocer gracias a la paleta artística de Carlos Pellegrini, nació en La Coruña, actuó como cirujano de los Reales Ejércitos en la península ibérica, llegó al país en 1787 y, después de estar un tiempo en la Patagonia se radicó en la históricamente privilegiada provincia de Santa Fe de la Vera Cruz.
Fue amigo y colega del irlandés Miguel O’Gorman. Sí, el mismo que fue médico personal de los virreyes Ceballos y Vertiz, y quien, junto a Agustín Fabre y a Cosme Argerich, creó la Escuela de Medicina en el Virreinato del Río de la Plata, en reemplazo de la Escuela de Enfermería de la Compañía de Jesús.
Fue precisamente Argerich el que llegó a San Lorenzo para amputarle la pierna al valiente capitán uruguayo que recibió un cañonazo enemigo, Justo Germán Bermúdez.
Argerich, el cirujano del Ejército del Norte, que acompañó al general Belgrano, asistiendo a los heridos de las batallas de Tucumán y Salta.
Pero volvamos al protomédico cirujano al que dieron en llamar el “Patriarca de los leprosos”, y no precisamente porque fuera hincha de Newell’s, sino porque fue quien cofundó con Argerich el primer leprosario del virreinato.
Casado con la españolísima Francisca del Fresno, una de sus hijas, Manuela, se casó con José Freyre, progenitores de Julián Marcelino, el médico que contrajo enlace con María Salomé Dominga Maciel, y en Rosario luchó denodadamente contra el cólera junto, entre otros, a sus colegas Francisco Riva y Mauricio Hertz, que no son sólo nombres de calles en la nomenclatura urbana del sur rosarino.
Hospital “Marcelino Freyre” era el nombre que anteriormente detentaba el PAMI II.
Uno de sus 16 hijos -los televisores aún no se habían inventado- Martín Félix, sería padre de ocho hijos más, entre los que estaba María Rosa, la mamá de nuestro ilustre e ilustrado doctor Jorge Tomasini Freyre, tataranieto del protomédico que le acomodó a San Martín su dislocado hombro, para que pudiera seguir con su incansable anhelo de libertad e independencia.
Y ya que mencionamos a don José Francisco, les compartimos una joyita gráfica tomada del excelso libro de Colimodio y Romay. Nada menos que un croquis hecho por San Martín que el año próximo cumplirá 200 años de antigüedad. Como para hacerse un sticker recordatorio de tan magno suceso patriótico. ¿No le parece una buena idea?

