Cuando escuchamos por ahí que andan diciendo que “Rosario se hizo sola”, nos “hirve la cabeza” como diría Palmiro Caballasca en aquella Jacinta Pichimahuida creada por Abel Santa Cruz. Jóvenes, ¡a googlear!; no tan jóvenes a re-cordar, que significa “volver a pasar por el corazón”, y esto es muy saludable. Está comprobado por la ciencia que este ejercicio -cuando de buenos recuerdos se trata- evita el Alzheimer, psiquiatra que, por otra parte, no llegó a experimentarlo en carne propia porque se murió de un infarto a los 51 años.
Pero, por fortuna no ocurrió lo mismo con “nuestro” Giuseppe Fidélibus que cuando vino de Italia, en 1903, con apenas 17 años recién cumplidos, se radicó en Bahía Blanca, exactamente en la calle O’Higgins 225, entre Saavedra y Berutti, al ladito donde en la actualidad funciona una delegación del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, e instaló allí un estudio fotográfico con los estudios de pintura, decoración y fotografía artística que traía como dote del viejo mundo.
En el solar que habitó nuestro Fidélibus en Bahía Blanca, hoy, si Google Maps está actualizado, se está levantando un edificio.
Allí nacieron los hijos que tuvo con María Luisa Orbezua Madariaga, su segunda esposa.
Porque este elegante caballero italiano, casado y con dos hijas mujeres, tuvo la desgracia de enviudar. Al reiniciar su vida, María Luisa le dio… ¡otras dos “chancletas”! Pero no se dieron por vencidos y siguieron buscando el varón, Luis Néstor, que llegó un 17 de marzo, hace exactamente cien años atrás.
La personalidad y el don de gentes de Giuseppe, que para ese entonces ya todos llamaban José, hizo que obtuviera gran prestigio. Tanto es así que cuando se inauguró la sucursal del Banco Nación en Bahía Blanca, se realizó una exposición con sus trabajos fotográficos -y esto lo supimos leyendo el sitio dedicado a la difusión de las artes plásticas, del inefable Arnoldo Guarino- utilizando varios métodos, entre ellos, uno que no era todavía muy conocido en la Argentina, que lo diferenciaba de sus colegas y le permitía ganarse la preferencia de su clientela. Una yuxtaposición de negativos en bromuro de plata y la aplicación de una tinta litográfica con una base de óleo, obteniendo imágenes coloreadas nítidas que recuerdan las pinturas al pastel.
Cuando José Fidélibus decidió, en 1930, venirse con su familia a Rosario, eligió la mejor de las ubicaciones para instalar su estudio y galería de arte. Al 1200 de calle Córdoba, aun cuando ni siquiera era peatonal y todavía no se llamaba Eva Perón.
Vecino al prestigioso diario del querido periodista Deolindo Muñoz, que ya en 1894 impulsaba la aprobación del descanso dominical para los trabajadores, y en cuya planta baja se instaló, a partir de 1901, la prestigiosa casa de artículos para hombres Al Elegante que seguramente debe haberlo tenido de cliente.
Desde allí supo, con su particular estilo, granjearse el afecto y la confianza de la comunidad rosarina, no existiendo, prácticamente, ninguna familia de la sociedad que no se hubiere querido retratar con él, por su habilidad en la ubicación de luces y sombras, por su sentido artístico, por la composición de los gestos y las poses, en definitiva, por su talento en plasmar, en el papel fotográfico, la mejor versión gráfica de cada uno.
Agradecemos al doctor José María Fidélibus el envío de esta artística fotografía para mostrar tan creativo estilo.
Diría de él, el periodista, escritor y poeta Mario Gómez (“Osvaldo Monterrey”): “Inquieto, inspirado, de ojo avizor y certero en la ubicación de sombras y luces, de gusto exquisito para el ordenamiento de la pose o el gesto, es el maestro consumado cuya insuperable destreza lo ubica en un puesto de supremacía entre los fotógrafos locales y de buena parte del país”.
Ahora vamos al juego de palabras de nuestro título, ¿por qué decimos “fieles”? Porque el apellido Fidélibus viene del latín, y es la forma plural del adjetivo “fidelis” que significa fieles, leales, dignos de confianza, una virtud definitivamente muy valorada que también se asocia con la fidelidad a Dios y a los principios cristianos.
Y ¿cómo no vamos a tener confianza, especialmente en la Divina Providencia, si cuando lo llamamos a Raúl Tinirello, tercera generación de fotógrafos en el rosedal, la montañita y el palomar del parque de la Independencia, para hablar sobre Fidélibus, nos contó que su padre sí lo había conocido y tenía en muy alto su reputación.
Tinnirello también nos contó que, justamente un día como hoy, cumplía años Susana, la hermana de Betty, las hijas del escribano y regente del Normal Nº 3, Francisco Javier Armadá, con quienes se cruzaba a tomar la merienda en aquella hermosa casona de avenida Pellegrini al 2600 cuando apenas era un niño de siete años.
Pero esto será tema de otro Rosario Sin Secretos.

