Close Menu
    Facebook Instagram YouTube WhatsApp Twitch
    martes, enero 20
    Facebook Instagram WhatsApp YouTube Twitch
    TODO NEA | Noticias y ActualidadTODO NEA | Noticias y Actualidad
    • Resumen
    • Editorial
    • NEA
    • Nacionales
    • Generales
    TODO NEA | Noticias y ActualidadTODO NEA | Noticias y Actualidad
    Generales

    Rosario Sin Secretos: la hija del primer periodista rosarino podría haber sido peronista

    enero 18, 2026
    Share Facebook Twitter Reddit Telegram Email WhatsApp
    Share
    Facebook Twitter Email Telegram WhatsApp

     
    Al cumplirse el 165º aniversario (según Gloria María Von Mende de Bertero) o el 166º (de acuerdo a los datos suministrados por Lily Sosa de Newton), del nacimiento de Emma de la Barra, que luego de la viudez de este matrimonio, pasó a ser “de Llanos”, traemos a esta dama a la memoria para narrar el aspecto menos conocido de esta escritora rosarina que fue la autora de “Stella”, el primer best seller argentino.
    Sin dudas, otro motivo que nos posiciona como Cuna de la Cultura nacional.
    Pero ni siendo de de la Barra ni de Llanos, el segundo esposo, dependió demasiado el desarrollo de su singular personalidad, porque Emma fue una mujer increíble que supo aquilatar sus vivencias y su talento, especialmente hacia su edad madura.
    A los 43 años enviudó de su primer esposo, su tío Juan Eduardo, eminente y reconocido jurisconsulto porteño, hermano de su padre Federico, matrimonio que fue arreglado por conveniencia, aunque la doblara en edad. Había razones de peso y de pesos.
    Así, esta joven adolescente que en Rosario participaba activamente de las habituales tertulias literarias y actividades culturales, debió mudarse -en coincidencia con la designación de su padre como legislador- a una de las más primeras y suntuosas mansiones de la avenida Alvear, en Buenos Aires, en la que nunca dejó de ser lo que era: una mujer culta, refinada, distinguida y preparada que recibía en su hogar a figuras como Roca, Bernardo de Irigoyen, Mitre, Avellaneda…

    Claro, era hija de un legislador, el más influyente periodista de esos tiempos en el Rosario, Federico Juan León de la Barra, quien había fundado, en 1854, el primer periódico de una ciudad floreciente y progresista: “La Confederación”, y el primer presidente del prestigioso Club Social que aún pervive en 2026 gracias a una tenaz e ímproba tarea de hombres y mujeres tradicionalistas y defensores del patrimonio y la historia local, ubicado muy cerquita de dónde funcionaba la primera imprenta rosarina.
    De la Barra alcanzó a imprimir 929 números en 8 años, circunstancia que no le impedía a su hija desarrollar una curiosidad innata que, incluso, la había relacionado hasta con los mitines obreros de aquellos tiempos.
    Su amor por la literatura, el canto y la pintura lo adquirió gracias a la preparación que tuvo desde niña junto a las Hermanas del Huerto, establecimiento al que, por entonces, sólo asistían las hijas de las familias más pudientes.
    Al casarse, el apoyo de su primer esposo -que ciertamente disfrutaba de una posición de relaciones sociales de privilegio gracias a las dotes naturales de su joven esposa-, le permitía lucir su increíble y bien dotada voz.
    Emmita se había convertido en el centro de atención de muchas reuniones de la elite, en las que daba conciertos altamente festejados y aplaudidos, algunos de ellos juntamente con Eduarda Mansilla, la sobrina de Juan Manuel de Rosas, que también escribía novelas, aunque debía firmar con el pseudónimo de Daniel, y cantaba “como los dioses”. Era casi una consecuencia lógica que Emma fundara en Buenos Aires la Sociedad Musical Santa Cecilia para poner en valor el respetado y tan de moda, arte lírico de la época.
    Sin embargo, su espíritu acendrado no se quedó en la estética sino que abordó la ética, solidaria y altruista, de un alma sumamente cristiana y caritativa.

    Con la bella hija de Bartolomé Mitre, Delfina Josefa Ambrosia Mitre y Vedia de Drago, destacada traductora y políglota, organizó una exposición de joyas y obras de arte en el Palacio Hume, de Buenos Aires, a total beneficio de obras benéficas.
    Contemporánea de otras mujeres de avanzada, entre las que estaban Elvira Aldao de Díaz y la primera periodista en Santa Fe, la mendocina Carlota Garrido de la Peña, Emma inspiró la fundación de la Cruz Roja, junto a Benedicta Elisa Funes de Juárez Celman, su prima cordobesa que entre 1886 a 1890 se convirtió en primera dama.
    Benedicta, a su vez, era la hermana menor de Clara Dolores del Corazón de Jesús Funes y Díaz, la esposa de Alejo Julio Argentino Roca, predecesor en la presidencia de Miguel Juárez Celman.
    ¿Quién dijo que los vínculos familiares en política son un invento de nuestra época?
    Hace apenas unos años, en la provincia de Córdoba se reivindicó la figura y la historia de Elisa con un gran mural a su memoria, en el parque Las Heras, a la vera del río Suquía.

    Pero aún a pesar de haber pertenecido a los círculos más encumbrados de la alta sociedad, Emma siempre sostuvo una postura femenina y feminista al crear la Primera Escuela Profesional para Mujeres y promocionar cuanta actividad ponga en valor el rol de la mujer, que no se limitaba, como bien decía, “a saber que Colón descubrió América, tocar piano, cantar, coser y bordar en seda china”.

    Te puede interesar:

    Rosario Sin Secretos: hoy todos somos ¡la “Barra” de Federico!

    Su impronta solidaria -¡hija e’tigre, había de ser!-, al igual que su padre que propició en Rosario, junto a otro vanguardista comprometido con el desarrollo de la ciudad, Nicasio Oroño, la creación de la Sociedad de Beneficencia y la construcción del Hospital de Caridad, hoy, Hospital Provincial (justo sería que llevase su nombre), la llevó a perder la mayor parte de su fortuna en un emprendimiento inmobiliario.
    Un deseo de auténtica justicia social, la invitó a soñar y a realizar el primer barrio destinado a obreros de América latina, que incluía la construcción de una escuela, un teatro y una biblioteca pública, en los que jamás faltaran la educación y el arte para la instrucción de los más desposeídos, así como también un asilo y una iglesia para que el alma estuviera tan sostenida como el esforzado cuerpo de los obreros que las ocuparían, en Tolosa, cerca de La Plata, la inminente ciudad que crearía Dardo Rocha.
    Era para darles un hogar a los trabajadores de los impresionantes talleres ferroviarios que Otto Krause construiría entre 1885 y 1887, cuna de la primera huelga de carácter nacional en nuestro país, y del Molino “La Julia”.
    Cuando le preguntaron cuántas casas querría que tuviera ese complejo habitacional, “su barrio”, Emma contestó: “¡Como mil”!
    Finalmente fueron 216, con techos bajos, salvo las esquinas que eran de un piso más para instalar comercios, de 3 habitaciones y un patio en común con aljibe colonial.
    Las circunstancias y el tiempo derrumbaron su sueño, pese a su incansable y desbordante energía. Nos preguntamos: ¿habrá leído Emma de la Barra la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”, que narra la historia de una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal?
    Seguramente que sí. Su amor a la literatura también la llevó a escribir. Pero, viuda y mujer, ¿cómo atreverse a hacerlo en esa época sin cosechar la desaprobación de la pacata sociedad?
    ¡Fácil! Ya casada en segundas nupcias con el periodista de La Nación, Julio Llanos, adoptó el pseudónimo de César Duayen y en unas semanas apareció “Stella”, primer best seller de la literatura argentina, traducido a varios idiomas, prologado en su versión italiana por el mismísimo Edmundo de Amicis, inspirador de una película homónima protagonizada por Zully Moreno, halagado por la poetisa chilena Gabriela Mistral, y escrito por esta rosarina apasionada que nació un día como hoy.

    Quiso la Providencia que Florencio Sánchez, cuyo cumpleaños coincide con el de ella, sólo que él llegó al mundo 14 años después, introdujera el logro literario de Emma en sus piezas teatrales. Sin dudas que es providencial que el autor de la obra “Canillita” estrenada en La Comedia en 1903 y que bautizó con ese nombre para siempre a los vendedores de diarios y revistas, rindió -sin saberlo- un digno homenaje a Federico de la Barra, el padre de esta criatura, pues así como editó el primer periódico rosarino fue el primero en venderlo junto a los trabajadores que lo acompañaron en la venturosa tarea.
    Un regalito encontrado en internet para nuestros fieles lectores: Un video sobre el Barrio de las Mil Casas, hoy Villa Rivera, que se atrevió a soñar y a construir nuestra ilustre rosarina.
    
     
     
     

    Share. Facebook Twitter Email Telegram WhatsApp
    Previous ArticleLa Corte brasileña rechazó el pedido de prisión domiciliaria para Jair Bolsonaro
    Next Article El desafío inédito de la UNLaM: construye un auto de fórmula para participar de una competencia internacional

    Related Posts

    Generales

    Crecen las consultas a la Defensoría del Pueblo por estafas virtuales

    enero 20, 2026
    Generales

    Tarifazo en ciernes: Rosario queda como zona templada y habrá cambios con los subsidios nacionales

    enero 20, 2026
    Generales

    Se extiende una semana el mercado de pases en el fútbol argentino

    enero 20, 2026
    TODO NEA | Noticias y Actualidad
    Facebook Instagram WhatsApp YouTube Twitch
    © 2026 TodoNEA.com Estudio2k1.com.ar

    Escriba aqui lo que desee buscar y luego presione enter