Cada 6 de enero, la tradición cristiana recuerda la llegada de los Reyes Magos para adorar al niño Jesús. Sin embargo, el relato bíblico es mucho más breve y menos detallado que la historia popular que se transmite desde hace siglos.
Según el Evangelio de Mateo, el único texto bíblico que los menciona, no se habla de “reyes”, sino de “magos de Oriente”, un término que en la antigüedad se utilizaba para describir a sabios, astrólogos o estudiosos de los astros, posiblemente provenientes de regiones como Persia o Babilonia. La Biblia no especifica cuántos eran, ni sus nombres, ni su lugar exacto de origen.
El relato indica que estos sabios siguieron una estrella hasta Jerusalén y luego hasta el lugar donde se encontraba Jesús. Al llegar, ofrecieron tres regalos: oro, incienso y mirra, presentes que más tarde adquirieron un fuerte simbolismo religioso: el oro como signo de realeza, el incienso como expresión de divinidad y la mirra como anuncio del sufrimiento y la muerte futura.
Tampoco se menciona que hayan llegado la misma noche del nacimiento. La tradición cristiana sostiene que la visita ocurrió varios días después, dando origen a la celebración de la Epifanía, que se conmemora el 6 de enero.
Los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar, así como la idea de que eran tres y de distintas regiones del mundo, surgieron recién siglos más tarde a partir de interpretaciones teológicas y relatos apócrifos, y no forman parte del texto bíblico original.
En definitiva, la Biblia presenta a los Reyes Magos como sabios guiados por la fe y el conocimiento, mientras que la imagen de tres reyes con nombres propios pertenece al desarrollo posterior de la tradición cristiana y cultural.

