Salvando las distancias y el tiempo transcurrido, hubo una época en que quienes oficiaban de Lord Mayor, tomaban posesión de sus cargos y empezaban a trabajar por la ciudad de manera inmediata. Cambia, todo cambia, dice la canción y sin pretender trazar ningún parangón, nos vamos a 1890 cuando en Rosario asumía Agustín Mazza.
Sí, Agustín a secas, no Juan Agustín como se consignó erróneamente en notas anteriores al desarrollar temas relacionados al responsable, con el regalo de las estatuas de su propiedad, que la Municipalidad en la actualidad reciba el nombre de Palacio de los Leones.
Reconocer los errores es una buena manera de comenzar el año, así que arrancamos agradeciéndole al doctor Miguel Milano a quien, por vivir justamente cercano a la calle que, en Arroyito, lleva el nombre de Maza, se preguntaba y nos preguntaba si era por quien ejerció por apenas 8 meses como intendente del Rosario o por quien fuera gobernador interino de Mendoza, nunca vivió en esta ciudad y fue asesinado, a los 46 años, por lanzazos mapuches en el Chacay, cerca del fortín Malargüe.
Este Maza, que va con una sola zeta, y trabajó mucho para la Revolución de Mayo, la declaratoria de la Independencia en Tucumán y hasta para el Cruce de los Andes con San Martín, se llamaba Juan Agustín. La similitud de nombres y apellido contribuyó a la confusión y hay sendas notas redactadas y publicadas que mencionan a Agustín como Juan Agustín, sin serlo. ¡Perdón!
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Hecha la fe de erratas correspondiente, volvemos a Agustín Mazza quien asumía, propiciando 136 años atrás, la autonomía de la ciudad a través, también, de una bandera identificatoria, blanca y con el escudo diseñado en 1862 por Eudoro Carrasco en su centro.
Escudo que, por cierto, sufrió distintas modificaciones a lo largo del tiempo hasta llegar a ser lo que es hoy. Acompañamos esta imagen rescatada por Planaxia, el sitio web dedicado al arte y al diseño rosarino, de la Licenciatura en Diseño de Comunicación Visual de la Universidad del Gran Rosario.
Presentada y aprobada la ordenanza de su creación, en 1862, por el entonces concejal Eudoro Carrasco, el primer socio capitalista de Ovidio Lagos (siendo director y propietario del Diario porteño “El Agente Comercial del Plata”, trajo y puso su comercio a disposición de Ovidio Lagos, su compañero tipógrafo en la imprenta oficial de Pedro De Ángelis, para darle vida al Decano de la Prensa Argentina), la Constitución provincial, recién en 1949, autorizó la implementación y uso del escudo y bandera, y tuvieron que pasar 25 años más para que, en 1964, el inefable y comprometido doctor Julio Marc presentara un dibujo pintado por Julio Vanzo, sobre un boceto elaborado por otro de sus amigos, Ángel Guido, realizado en 1957, año de la inauguración del Monumento, y en cuyo seno, el autor de la obra rosarina que nos identifica en el mundo -junto a Alejandro Bustillo-, dejó plasmada su idea con una representación artística grabada para siempre en la cripta del lugar.
Hubo dos mujeres que mucho tuvieron que ver en este rescate histórico de la existencia de los distintos escudos modificados a través del tiempo: Amelia Quiroga Alvarado, por pedido de Calixto Lassaga, y María Amanda Bergnia de Córdoba Lutges. De quienes nos ocuparemos, sin dudas, en futuros Rosario Sin Secretos.
Fue durante el Congreso de la Lengua, en 2004 (aunque una página oficial consigna que se realizó en 1994 y los profesionales del copy & paste lo repiten en sus redes), la ocasión que motorizó la idea de reivindicar aquella idea de Agustín Mazza, a nivel protocolar, y en esa oportunidad se confeccionó la primera bandera municipal, que pasó luego -terminado el encuentro cultural internacional- a acompañar las banderas nacional y provincial. ¿Dónde? ¡En el Salón Carrasco! ¡Todo remite al origen!
Fue así cómo y cuándo, en 2010, al llegar el año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, la ordenanza Nº 8523 del Concejo resucitó aquella brillante idea primigenia de Mazza, devolviéndole la vida a la bandera rosarina, que desfiló en el acto del 20 de Junio en manos de Miguel Ángel Gelman, abanderado, y Mauricio Yaco, como escolta, dos ex combatientes rosarinos del conflicto bélico mantenido con Gran Bretaña, durante 1982, por nuestras irredentas Islas Malvinas Argentinas.
Fue Julio Más el soldado que anunció al radarista Miguel Gelman que había sido elegido para portar por primera vez, la bandera rosarina, olvidada en el tiempo, en el último y añorado desfile multitudinario por el “Día de la Bandera” de 2010, año del glorioso Bicentenario de la Revolución de Mayo.
Un honor que tuvo que repetir ese mismo día, cuando personal de protocolo lo alcanzó en medio de una corrida, prácticamente cuando se estaba desarmando el acto, para pedirle ¡por favor! que vuelva a pasar frente al palco presidencial, debido a que “una distracción” de los funcionarios nacionales no la habían podido apreciar en toda su magnitud. Así lo hizo el paciente Gelman, esta vez improvisando su orgulloso paso junto a otros abanderados.
Aquel acto de 2010 fue el primero al que arribaron a Rosario camiones con oficinas móviles de diferentes reparticiones nacionales, desde el Registro Nacional de las Personas (Renaper) hasta Ansés y Pami, para que rosarinos y visitantes pudieran concretar trámites pendientes. Una saludable iniciativa de federalismo que no volvió a repetirse.
En esa fecha también, apenas quince años atrás, la ex presidente Cristina Fernández, dejó inaugurados los muelles del Parque de España y, en su alocución por el Día de la Bandera, frente a casi 230.000 personas, pidió “integrar esfuerzos, hombres y mujeres de los partidos populares y democráticos, para seguir profundizando el modelo que en los últimos siete años ha logrado el crecimiento político y económico más importante de los últimos 200 años”.
Ese día, la presidente, flanqueada por el gobernador de Santa Fe y el intendente de Rosario portaron la creación rosarina de Julio Vacaflor, Alta en el Cielo, que logró completar, con aportes del país y del mundo, 42 kilómetros de telas celestes y blancas para unir la bandera más larga del mundo, que terminó de coserse en el año 2012, al cumplirse el Bicentenario de aquella epopeya que nos hizo únicos, aquel el 27 de Febrero de 1812.
Al año siguiente de ese multitudinario acto, en 2011, la ex presidente dispuso que la enseña patria se mantenga enarbolada en todos los edificios públicos del país durante los 365 días del año. «No hago más que retomar un viejo decreto de 1869 firmado por Domingo Faustino Sarmiento”, había dicho, consultada al efecto.
Lo mismo que se hizo en Rosario, en 2010, con la bandera rosarina: retomar un viejo decreto de 1890, impulsado por Agustín Mazza.
Como nos recordaran en El Eternauta: “Lo viejo, funciona”.
Por otra parte, y en el medio de la cotidiana investigación que hacemos para llevar buenas noticias a la comunidad, descubrimos que existe un decreto de 1998, aprobado por el Concejo, el 15.810, que estimamos no se cumple en todos los casos, y que establece como obligatorio el uso del escudo al frente de las dependencias del municipio, así como la ordenanza Nº 8523 que define en su 8º artículo, que “la bandera de la Municipalidad de Rosario deberá hallarse, al menos, en el Recinto de Sesiones del Concejo Municipal; en los despachos del intendente municipal; del presidente del Concejo y de los secretarios del Departamento Ejecutivo; en los ámbitos destinados a las funciones de protocolo; en el frente del Palacio municipal, de los Centros Municipales de Distrito, del Concejo municipal y en todos los sitios donde resulte adecuado evidenciar la presencia institucional del gobierno municipal”.
Ojalá que en el 2026 se empiece a hacer cumplir los decretos y ordenanzas aprobados para que el poderoso brazo de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, sobre la batería Libertad, dibujado 164 años atrás, siga levantando bien en alto la Bandera creada, bendecida y jurada en el Rosario, como se grafica en 1862, en aquel primer escudo de Eudoro Carrasco, simbolizando siempre el progreso, la paz, la nacionalidad argentina y la impronta rosarina, Cuna de la Bandera y de la Escarapela azul y blanca!

