Conocido ahora como El Hogar, el ex Hogar del Huérfano de Rosario guarda entre sus paredes reliquias que no solo narran parte de la vida de la centenaria institución y de quienes por allí pasaron, sino que cuentan la historia del mundo de dos siglos atrás.
En el siglo XIX, desde 1869, cuando Rosario recién había sido declarada como ciudad, las madres y los padres que iban a dejar a sus hijos en el hospicio de Laprida 2129 guardaban en la puerta junto a ellos «señales«, objetos como cartas, medallas, boletas o fotos que se dejaban con la intención de poder reencontrarse en un futuro.
Estas reliquias fueron guardadas en el tiempo en latas de galletitas Bagleys, y así se conservaron de forma intacta por más de 156 años. Hoy representan un archivo invaluable, prácticamente único en la Argentina y en el mundo, con un valor histórico y cultural tan inmenso que están nominadas al Registro Internacional de la Memoria del mundo de la Unesco.
Al mismo tiempo, tres de estas más de cinco mil señales partieron rumbo a Portugal para ser exhibidas hasta el 29 de marzo en una muestra internacional junto a Italia y Bélgica, en la Santa Casa de la Misericordia de Lisboa.
“Son objetos que las madres en su desesperación -que no lo hacían por mala madre ni por malos sentimientos, sino por un deseo de dejar que sus niños tengan la posibilidad de vivir- dejaban para que exista un testimonio de ese niño que queda a cargo de alguien, con el deseo y la esperanza de venir a buscarlo en algún tiempo, donde ellas pudieran hacerse cargo de la crianza de sus niños”, explicó a Conclusión Raquel Ylla, quien está a cargo del museo del Hogar.
Algunas madres pudieron luego volver a cumplir ese deseo, mientras que otras no. “¿Cómo se ha sabido en el tiempo? Es que los objetos que están rotos por la mitad son de aquellos que se unieron, es una madre que recogió a su niño. Aquellos que no, por supuesto, está dicho, no hubo esa respuesta de la búsqueda”, contó Ylla acerca de las señales que los rosarinos pueden hoy visitar en el museo.
La dedicación de las monjas del Huerto, que estaban a cargo del cuidado de los chicos desde 1879, fue uno de los motivos por los que también las piezas se pudieron conservar durante tanto tiempo.
De hogar de huérfanos a escuela
El museo es una de las partes que componen El Hogar, que hoy ya no aloja niños y niñas, pero sí los alberga a través de otra función vital: la educación.
Luego de atravesar serias denuncias de abusos y maltratos, en 2012 se fue del hogar la última niña en ser alojada. Desde entonces, la comisión directiva encabezada por Laura Borghi empezó con una reestructuración de raíz y las habitaciones se convirtieron en aulas. Este 2025, se recibirá de séptimo grado la primera camada de alumnos de la escuela.
“Nosotros, cuando no quedaron chicos viviendo, reformulamos los estatutos. Somos la Asociación Civil Educativa y Solidaria El Hogar. Y, podemos decir, el ex hogar del huérfano”, comenzó explicando la directora a este medio.
“El hogar está 100% ocupado, tenemos la dicha de tener nuestra escuela, que los niños empiezan en un nivel inicial de dos años, y este año se recibe la primera camada. Funciona acá también la Facultad de Psicología y Odontología del IUNIR. Junto a ellos hicimos un centro educativo asistencial, los jóvenes profesionales hacen sus prácticas y los primeros beneficiarios, por supuesto, son siempre los chicos de nuestra escuela”, contó Borghi.
En el hogar llegaron a habitar 5.000 niños, niñas y adolescentes, y para ella eso fue “una situación límite” que les “obligó a pensar un nuevo paradigma de cómo tenía que ser una institución que ya no iba a albergar chicos”.
“De eso estábamos seguros, de que no iban a vivir más chicos en la institución, pero este es un edificio que es enorme, está en muy buenas condiciones, tratamos de mantener este patrimonio histórico de la ciudad, y nos abocamos a eso, a transformar los dormitorios en aulas, porque siempre teníamos esa idea, la escuela, la escuela, la escuela. Nos han venido a ofrecer un montón de propuestas, pero nosotras estábamos seguras de que la forma de llegar a los chicos y de poder seguir teniendo la función social que tenían las damas que iniciaron el hogar del huérfano era la educación, y apostamos a la educación y creo que no nos equivocamos”, agregó.

