Cada año, durante los primeros días de agosto, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), los ministerios de salud y diversas asociaciones civiles de todo el mundo.
Jacki Haulitschke, perteneciente a la Asociación Santafesina de Puericultura Alma Mater en diálogo con Conclusión, manifestó que «la leche materna es un líquido que cubre todas las necesidades de un recién nacido, que contiene vitaminas, proteínas, hormonas, inmunoglobulinas, de manera tal que la fórmula nunca puede acercarse a la composición de la leche».
En su descripción detalló la puericultora que «el sistema digestivo está preparado para que digiera esa leche humana que es muy livianita. La fórmula tiende a ser mucho más pesada. A pesar que la fórmula la suplanta cuando no podemos lactar y gracias a eso los niños pueden sobrevivir».
Con respecto a los beneficios para la mamá apuntó Haylitschke, que tiene que ver con que «se recupera más rápido del post parto, reduce el porcentaje de probabilidades del cáncer de mamas. Otra particularidad de la leche materna es que se va adaptando conforme al crecimiento del bebé«.
«El recién nacido recibe mucha inmunoglobulina para tener defensas en cuanto a todo lo que puede afectarlo exteriormente, bacterias, virus y demás. En cambio, cuando empieza con las comidas empieza a subir la proporción de vitaminas y proteínas, cuando empieza a caminar y a correr, las calorías», agregó la entendida.
«La Organización Mundial de la Salud recomienda que se le dé la teta hasta los 2 años como mínimo. Y después de eso, todo el tiempo que la mamá y el bebé así lo deseen. El alimento central de los niños hasta los 2 años es la leche. El resto es alimentación complementaria«, detalla la especialista.
Por último, remarcó que «el vínculo que se genera por medio de la lactancia es muy fuerte en cuanto a lo emocional, pero por más que no haya lactancia de por medio, se puede generar un vínculo muy amoroso».
«Hay diferencias en cuanto a lo nutricional, pero también en cuanto a lo emocional. Hace que se genere lo que llamamos un apego seguro. Entonces, cuando más satisfacemos las necesidades de los niños, ellos adquieren más seguridad. Y van a ser más independientes a más corta edad, contrariamente a lo que se cree» concluyó Haulitschke.
viernes, mayo 1

